domingo, 8 de julio de 2012

Strudel de albaricoques… y triangulitos de queso y membrillo!!

Menuda sensación esto de levantarse sin que te duela medio cuerpo J. Bueno, para ser verdad… han sido precisos unos minutos de calentamiento para lograr que mi espalda no se quejara del tute de ayer… pero tras esos minutos y después de llevar un ratín en la cocina estoy como nueva.
Para no variar nuestra ya rutinita estival, ayer nos levantamos sobre las 5h para salir a caminar. La ruta elegida esta vez no era nada del otro mundo a nivel paisaje, sino que la elegimos porque tiene un poco de todo, es decir, sendero, camino forestal y asfalto. Las dos primeras horas son las más movidas a nivel físico, aunque no es para asustarse ni muchísimo menos, y las tres restantes… pues un poco más monótonas para qué engañarnos, pero como lo que nos interesaba era empezar a llevar peso en la espalda decidimos que era la mejor opción para no deslomarnos a la primera de cambio. Y la verdad es que estamos muy contentos; las piernas no sufrieron nada y tan solo nos molesta un poco la espalda, pero ni rastro de agujetas!! Oe, oe (y después de 5 horas cargando más de 6 kilos, creedme, es una muy buena noticia J!).
Pero lo mejor llegó por la tarde. Mi sister había confirmado su asistencia a una merienda marujil, así que había que preparar algo diferente y ¿qué mejor que algo de fruta de temporada mezclada con la ligereza de la pasta filo? Cuando estuve viviendo en Austria me enamoré del Apfelstrudel, uno de sus postres por definición. Es increíblemente fácil de hacer y está la mar de rico (gran combinación!), así que siempre era un buen recurso para cuando venía gente a tomar el café a casa. Pero justo la semana pasada estuve echando un vistazo en la web de Heather Christo y me encontré con esta maravillosa idea: Strudel de albaricoques!!


Es impresionante el olor que desprende cuando lo sacas del horno… una auténtica tentación! Mi sister todavía está en estado de shock y ya hemos decidido que es una de esas recetas que deben ser repetidas.
Y con la pasta filo que me sobraba aproveché para preparar en un momento unos triangulitos de queso de cabra curado y membrillo. Se preparan en unos minutos y directos al congelador. Y cuando te apetezca un bocado delicioso tan solo tienes que encender el horno y meterlos durante unos 5-6 minutos, o hasta que te queden doraditos, ummmmm, riquísimos J. Seguro que te suenan del brunch dominical que preparé para el Día de la Madre. También están increíbles rellenos de espinacas con pasas y piñones… pero no tenía espinacas a mano así que esta vez solo los he preparado con la mezcla del queso y el membrillo (que no es poco!).


Aquí os dejo la receta del strudel (de Heather Christo):
Ingredientes
100 gr de mantequilla fundida
8 albaricoques
1 paquete de pasta filo (necesitarás 12 hojas para el strudel)
¼ taza de azúcar
2 cucharas soperas (tsps) de harina
Una pizca de canela
Azúcar glas para decorar

Elaboración
Precalienta el horno a 200°C. Por otro lado funde la mantequilla y resérvala.
Corta los albaricoques en gajos no muy gordos y ponlos en un bol. Añade el azúcar, la harina y la canela. Remueve hasta que los ingredientes estén bien integrados y resérvalos.
Es hora de atacar a la pasta filo. Abre el paquete, estira las hojas de pasta filo y cúbrelas con un plástico y con un paño de cocina para que no se sequen. Empezamos! Coge una de las hojas y ponla sobre la superficie de trabajo. Píntala con mantequilla fundida. Ahora coge dos hojas más y colócalas en dirección opuesta (sobreponiéndolas). Píntalas con la mantequilla. Continua con este proceso de 1 hoja/ dos hojas hasta que hayas puesto un total de 12 hojas de pasta filo. Una vez ya la tenemos preparada es el momento de poner encima la mezcla de los albaricoques, azúcar, harina y canela. Colócalos en línea. Coge la punta de pasta filo, cubre los albaricoques y empieza a enrollar la masa. Deja la junta de pasta filo en la parte de abajo del “cilindro”. Dobla las puntas hacia abajo para que no se nos escape nada J. Pinta generosamente el strudel con la mantequilla.
Es hora de meter el strudel en el horno durante aproximadamente 30 minutos. Cuando esté doradito ya podemos sacarlo del horno y dejarlo enfriar encima de una rejilla.
Cuando esté tibio ya podemos decorarlo con el azúcar glas por encima y empezar a servirlo. Hay quien prefiere tomarlo así, todavía tibio. Otros, en cambio, lo prefieren del todo frío… es cuestión de gustos. En cualquier caso, este es el resultado:



Y con la pasta filo que nos sobre… triangulitos de queso de cabra curado con membrillo! Seguro que los recordáis de la entrada que hice del Día de la Madre, pero por si acaso, aquí os dejo un recordatorio.
Ingredientes:
Hojas de pasta filo
Queso curado de cabra (o el que más os guste. Mi recomendación: que sea un queso curadito)
Membrillo
Aceite de oliva suave

(Misma cantidad de queso y membrillo)

Elaboración:

Cortamos en daditos pequeños el queso y el membrillo y reservamos.
Sobre nuestra zona de trabajo estiraremos una hoja de pasta filo y la pintaremos con aceite de oliva. Pondremos otra hoja y volveremos a pintar. Encima pondremos la tercera y pintamos por última vez. (Podéis hacerlos con 3 o 4 hojas, dependiendo de cuántas os hayan sobrado o de si os gustan con más pasta filo o menos. Es cuestión de ir probando).
Cortamos las hojas de pasta filo con la punta de un cuchillo en cuatro partes. Es hora de formar los triangulitos! Ponemos un poco de la mezcla de queso y membrillo y empezamos a formarlos.
Ir repitiendo el mismo proceso hasta que nos quedemos sin pasta filo J

Lo mejor es que ahora es el momento de decidir si quieres hornearlos, a 220°C unos 5 minutos, o si prefieres meterlos directamente en un tupper y al congelador para cuando surja la oportunidad (o necesidad J!). Os quedarán unos triangulitos doraditos y super crujientes… un bocado de cielo que se prepara en un santiamén! Este es el resultado:

Et c’est tout! Os animáis a probarlo?
Enviada a YeastSpotting

sábado, 7 de julio de 2012

Evento Photo Blog Junio


Llevo toda la semana deseando tener un momento para conectarme y subir esta entrada al blog. Y os estaréis preguntando… y ¿por qué tantas ansias? Pues porque me muero de ganas de dar las gracias por el premio que nos han dado, sí, sí: ¡Premio!
Como sabéis este blog es todavía un pre-bebé por llamarlo de alguna manera, vamos, que está aún en fase embrionaria… pero aun sabiendo que queda mucho por hacer y por aprender, finalmente nos animamos a enviar la fotografía de uno de mis panes al Evento Photoblog de Junio. Este evento es  una iniciativa de Ivana (de My Little Things) y de Cris (de CrazyTeaParty) que consiste en enviar una foto culinaria, publicada durante el mes anterior, a un blog anfitrión. Es una forma de mostrar nuestras creaciones, darnos a conocer y, lo más importante, de aprender nuevas recetas y nuevas perspectivas para nuestras fotos. Se opta al premio en tres categorías: ÑAM, ÑAM (foto más apetecible), Mejor Estilismo y Mejor Fotografía.
Pues bien, este mes la anfitriona ha sido Lara de Bakemania y en esta edición My Own Bakery ha ganado el Premio a Mejor Fotografía por el Pan Challah publicado el pasado 1 de mayo.




¡Muchísimas gracias!

La próxima anfitriona del Evento Photoblog será Nieves, del blog Dulce Pampa. ¿Os animáis a participar?

domingo, 1 de julio de 2012

Crusted Cinnamon Scones!

Y diréis… preparar el 1 de julio unos scones… tal vez no sea lo más típico y menos si son unos fantásticos y olorosos scones de canela… pero aunque tenéis toda la razón, el día ha sido el ideal. Por fin han bajado las temperaturas, se ha puesto a llover esta mañana y todavía sigue; hay poca luz y lo que realmente apetece es ver una película antigua con una buena taza de té. Bueno, excepto l@s comprador@s compulsiv@s que se han lanzado de pleno a las rebajas… pero como ya os podéis imaginar ese no es mi caso. Además, aunque quisiese, no podría porque estoy que me muero de agujetas J.
Mis fines de semana son cualquier cosa menos de descanso últimamente, y para qué negarlo, estoy más que encantada, pero claro, de vez en cuando mi cuerpo serrano me recuerda que no soy una ironwoman y tiene a bien hacerlo haciéndome sufrir unas tremendas agujetas, como es el caso de hoy J.
Ayer tocó hacer una Vía Ferrata por Osona… fue un regalo de cumpleaños a mi media naranja y la verdad es que es una experiencia diferente. La que hicimos nosotros, a nivel físico, no requiere ninguna preparación especial (aunque absténganse adictos al sofá). Tan solo nos encontramos con un par de momentos en los que sí tuvimos que tirar de brazos y fue en esos momentos en los que tuve claro que hoy me iba a doler… y sí, así ha sido J! Pero nada que no se pueda soportar con unos estiramientos... y un poco de paracetamol.
Y diréis ¿qué tienen que ver mis agujetas con los scones? Pues no mucho, la verdad, si no fuese porque son unos bollos deliciosos que se preparan en solo 30 minutos, sin ningún tipo de esfuerzo (cosa que hoy se agradecía). El año pasado estuvimos un mes por Edimburgo y volví enamorada de la ciudad y de sus maravillosos scones. Espero que os animéis a prepararlos porque son indescriptibles para un buen desayuno de domingo!
Ahí va la receta (de Weekend Bakery):
Ingredientes:
225 gr de harina a la que añadiremos 10 gr de impulsor (Levadura Royal)
50 gr de mantequilla sin sal en cubos (bien fría)
25 gr de azúcar
120 gr de leche (o buttermilk)
75 gr de pasas
¼ cucharilla de canela
1 pizca de sal

Para la cortecita de canela:
1 huevo, batido con un poco de agua
30 gr de azúcar
½ cucharadita de canela
Elaboración:
Precalentamos el horno a 210°.
Preparamos lo que después nos dará esa fantástica cortecita de canela mezclando los 30 gr de azúcar con la ½ cucharadita de canela y reservamos. Por otro lado, en un bol pequeño batimos el huevo mezclado con un poco de agua y también reservamos.
En un bol mediano ponemos la harina con la levadura, la pizca de sal, la canela y mezclamos. Una vez mezclados los ingredientes añadimos la mantequilla en cubos bien fría y volvemos a mezclar esta vez con la ayuda de un tenedor o de una chuchara. Nos quedará una mezcla con una consistencia como la de las migas. Es hora de añadir las pasas y el azúcar. Por último añadiremos la leche fría (o la buttermilk) poquito a poco mientras vamos viendo cómo se van integrando los ingredientes. Empezad a mezclarlo con el mango de una cuchara o de un cuchillo hasta que los ingredientes estén prácticamente integrados y después, rápidamente e intentando manipular lo menos posible la masa, formaremos una bola con las manos. Si resultase que la masa fuese muy seca podríamos añadir un poquito más de leche fría.
Estiramos con la ayuda de un rodillo nuestra masa dejando aproximadamente unos 2,5 cm de grosor y ya podemos empezar a cortarla en círculos. Puedes usar un cortador o incluso un vaso presionando, pero sin girarlo. Pásalos a la fuente del horno, que ya tendrás forrada con papel de hornear, y píntalos con el huevo batido. Una vez pintados ya les puedes poner por encima el cinnamon sugar, es decir, la mezcla de azúcar y canela que tenías reservada.

Hornéalos a 210°C durante 15 minutos. Subirán un poquito y se hará una fantástica cortecita en la parte de arriba. Ahora tan solo te queda dejarlos enfriar un poquito sobre una rejilla y servirlos con mantequilla y mermelada o con algo de nata… Aunque para ser del todo sincera a mí me gustan recién hechos (todavía un poco calentitos) y sin nada más por encima… ummmmm, ya por sí solos son un auténtico bocado del cielo J. Y este es el resultado:



Et c’est tout! Espero que os animéis a probarlos.
Enviada a YeastSpotting

domingo, 24 de junio de 2012

Cocas de San Juan

Es domingo tarde y estoy destrozada… y podríais pensar que es consecuencia de la verbena de San Juan, pero nada más lejos de la realidad J! En lugar de fiesta y desenfreno mi agotamiento se debe a las seis horas de ruta que hemos hecho esta mañana!
Nos hemos levantado a una hora intempestiva (que es bastante más común en mí de lo que habría pensado nunca…) y empezábamos a andar cuando todavía no eran las 7h. El punto de partida volvía a ser Monistrol y la intención era hacer una ruta circular de unos 24 km. Las tres primeras horas han sido geniales, llenos de estrechos senderos cubiertos de frondosa vegetación y de subidas empinadas, pero justo al llegar a Santa Cecilia han empezado nuestros problemas… la verdad es que nada importante… tan solo que no había manera de encontrar las marcas del GR4 L. El sol estaba haciendo ya mella en nosotros… así que nos hemos decantado por bajar a través de un sendero que ya conocíamos de otra escapada y finalmente, después de algún que otro resbalón por el pedregal traicionero y de tres horas más de caminata, hemos logrado llegar nuevamente a Monistrol. Si conseguiremos o no encontrar definitivamente la última parte de la ruta que queríamos hacer… por ahora será un misterio, porque os aseguro que para la próxima salida me buscaré otro PR en la otra punta de Montserrat J. ¡Creo que después del palizón de hoy necesito un cambio! Aunque si he de ser totalmente sincera, el tramo final ha valido la pena si miramos la excursión en su conjunto! (siempre positiva!)
Pero hoy no ha sido el único día de este fin de semana que me he levantado cuando todavía no habían puesto las calles J. Ayer eran pasadas las 5h cuando me ponía en marcha, pero el motivo era totalmente diferente… y seguro que más de vuestro agrado: había que preparar las Cocas de San Juan!! Es la primera vez que las hago, así que no seáis demasiado crític@s.



Seguiré investigando posibles masas de brioche y (os las iré enseñando), pero en cualquier caso, os aseguro que fueron una triunfada. Con la cantidad de masa que os pongo preparé un par de cocas, una de fruta confitada y otra de crema y, creedme si os digo que desaparecieron en un momento!
Ingredientes para la masa (brioche):
325 gr de harina de fuerza
2 huevos grandes
130 gr de leche entera (siempre peso los ingredientes, también los líquidos, ya que así es más preciso)
65 gr de mantequilla sin sal derretida
2 gr de sal
23 gr de levadura fresca
Ralladura de piel de limón

Ingredientes para la crema:
312 gr de leche entera
2 yemas de huevo (L)
75 gr harina de maíz
½ bastoncito de canela
Piel de limón

Para la decoración:
Utilizaremos frutas confitadas (naranja, calabaza, cerezas y ciruelas), azúcar (mezclado con agua), piñones (que habremos tenido un poquito en remojo) y un huevo batido para pintar.
Elaboración:
Empezaremos con la masa para poder dejarla leudando mientras preparamos la crema pastelera. En un bol mezclamos los huevos, la mantequilla, el azúcar, la sal y la ralladura de limón. Por otro lado, ya podéis disolver la levadura fresca en la leche a temperatura ambiente. Cuando ya esté totalmente disuelta la añadiéremos a nuestra mezcla y lo batimos hasta que todos los ingredientes estén totalmente integrados. Es hora de ir agregando la harina tamizada, poco a poco. Veréis que el resultado es una masa muy pegajosa y para nada manipulable, así que con una lengüeta limpiad las paredes del bol y dejadla tapada con papel film y un trapo para que vaya subiendo hasta que triplique su volumen (aproximadamente 2’5h).
Ahora que tenemos la masa leudando es momento de ponernos con la crema. Ponemos la leche en un cazo con la canela y la piel del limón. Llevarla a ebullición, retirarla del fuego y  dejar que infusione.
Cuando la leche ya esté tibia, empezaremos a batir las yemas en un bol con el azúcar hasta que la mezcla blanquee y doble su volumen. Disolveremos la harina de maíz en un poquito de la leche y la pasaremos por un colador bien fino para evitar que se nos cuele algún grumo. La añadiremos a los huevos, con mucho cuidado, y seguiremos con el resto de la leche. Mezclamos y volvemos a poner el cazo al fuego, muy bajo (no dejéis que hierva), y empezamos a remover hasta que tengamos la consistencia que queramos. No la perdáis de vista y no paréis de remover, porque, aunque parece que no llegará nunca, de golpe, está al punto que deseamos. Ya podemos retirarla del fuego y dejarla enfriar, removiendo de vez en cuando para que no se forme una tela. Una vez completamente fría podemos taparla y reservarla en la nevera.
Ya ha llegado el momento de echarle un ojo a nuestra masa que habrá triplicado su volumen. Enharinamos ligeramente la superficie de trabajo y con la ayuda de una rasqueta la volcamos la masa sobre la encimera. Si os resulta muy pegajosa, podéis mojaros un poco las manos con agua fría o enharinároslas un poco, con eso será suficiente para poder trabajarla.
Aprovechad para amasarla un poco, solo para quitarle el aire. Una vez hecho, es hora ya de dividirla en tres partes. En mi caso hice dos cocas, una de fruta confitada y otra de crema, pero si prefieres hacer solo una más grande… eso ya es a vuestro gusto J!
Dos partes serán para hacer la de crema y la restante será para la de fruta. Empecemos por la más laboriosa, la de crema. Estiramos una de las partes  de la medida que queramos la coca. La masa ha de quedar bastante fina, porque luego, en la última fermentación, volverá a subir. Una vez estirada la ponemos sobre papel de hornear y la cubrimos con un poco más de la mitad de la crema que tenemos reservada, dejando un borde de cómo mínimo 1 cm, que pintaremos con un poco de agua o leche para que nos ayude a sellar. Estiramos el otro trozo de masa de la misma medida y la colocamos encima. Juntamos los bordes y la dejamos reposar tapada con un poco de papel film y un trapo para que haga la última fermentación. Ya solo nos queda estirar el último trozo de masa y dejarla también reposar tapada con un poco de film y un trapo. Las dejamos 1h 30’ aproximadamente. Pasado este tiempo llega el momento de decorarlas. Precalentamos el horno a 170 °C y nos ponemos manos a la obra con la decoración.




Las pintamos con huevo batido, con mucho cuidado. Cogemos la de crema y utilizamos la crema que nos queda para hacer un enrejado con la ayuda de una manga pastelera, o con la punta de una bolsa (el recurso del a abuela J). Colocaremos también unas cerezas confitadas y un poco de azúcar mojada con agua. Ya solo quedará añadirle unos piñones (que habremos mojado con agua) y meterla en el horno hasta que esté doradita. Mientras se va haciendo, y sin quitarle la vista de encima, iremos decorando la de fruta. Colocamos las frutas encima como más nos guste, un poco de azúcar con agua y el resto de los piñones (mojados). En cuanto saquemos la de crema ya podemos hornear esta segunda. Se hacen muy rápido, las mías tardaron unos 12 minutos cada una, pero el tiempo ya sabéis que es aproximado, ya que cada horno es un mundo…
Las dejamos enfriar encima de una rejilla. Este es el resultado:


Et c’est tout! ¿Os animáis el próximo año?
Enviada a Yeastspotting

domingo, 17 de junio de 2012

PR-19 y… Cinnamon Loaf

Creía que no iba a llegar nunca, pero finalmente conseguí arrastrarme hasta el viernes, con más bien poca dignidad, porque ha sido una semana dura… pero llegué y tenía muy claro que quería disfrutar de este fin de semana, o al menos del sábado que, según todos los pronósticos, iba a ser un día espectacular, así que, decididos a salir a caminar, tan solo quedaba por decidir la ruta. La elegimos el viernes a última hora: Monistrol era nuestro destino y el PR – 19 nuestra elección y os aseguro que no os equivocaréis si también os animáis a intentarlo.
Os encontraréis con rincones que parecen sacados de un cuento… pasaréis por la Abadía de Montserrat y disfrutaréis de unas vistas espectaculares. Si os gusta caminar, escalar, correr por la montaña… esta es vuestra ruta! Son unas 5 horas de total desconexión J! Mi sister se animó a acompañarnos así que puedo dejaros algunas de sus fotos como prueba de que estuvimos allí J. Así es como se veía cuando dejamos el coche:



... mientras subíamos...






¡Llegamos!


Y como después de la caminata todo el mundo se merece una recompensa… preparamos un estupendo Cinnamon Loaf para merendar. Se trata de un bizcocho suave, esponjoso y con un olor a canela y a nuez moscada impresionante. Sin duda, si tenéis a alguien cerca a quien le guste la canela os recomiendo que os animéis a probarlo. Es muy fácil de hacer, tan solo hay que mezclar bien los ingredientes y dejar que el horno haga el resto!



Cinnamon Loaf (receta del libro Baked in America)
Ingredientes para el azúcar de canela (cinnamon sugar):
50 gr azúcar blanquilla
50 gr azúcar moreno
½ cucharadita de canela molida
¼ cucharadita de nuez moscada molida

Ingredientes para la masa
275 gr harina normal
1 cucharadita de impulsor (levadura Royal)
¼ cucharadita de bicarbonato sódico
¼ cucharadita de sal fina
115 gr de mantequilla a temperatura ambiente
175 gr de azúcar blanquilla
2 huevos grandes (L) a temperatura ambiente
2 cucharaditas de extracto de vainilla (opcional)
225 gr de nata fresca (en mi caso uso la que lleva un 18% de materia grasa)

Elaboración:
Prepara el azúcar de canela mezclando en un bol pequeño todos los ingredientes (azúcar blanquilla, azúcar moreno, canela y nuez moscada) y resérvalo. Por otro lado, ves precalentando el horno a 180°C y engrasa el molde que quieras utilizar. En mi caso me decanté por moldes de un solo uso y por unos moldes de magdalena, pero también os quedará genial en un molde de los de toda la vida de 23cm x 12cm.
En un bol mediano mezcla los ingredientes secos, es decir, la harina, el impulsor, el bicarbonato sódico y la sal y resérvalo.
Con un mezclador eléctrico ya puedes batir en otro bol la mantequilla a temperatura ambiente y el azúcar a velocidad media-rápida hasta que la mezcla haya blanqueado y se haya vuelto esponjosa (unos 6-8 minutos). Reduce un poco la velocidad (media) y añade los huevos, uno a uno, batiendo bien después de cada uno. Añade la vainilla en este punto si te animas a usarla (yo no acostumbro a ponerla). Tras añadir (o no) la vainilla bajaremos la velocidad y empezaremos a añadir la mezcla de ingredientes secos que teníamos reservada (harina, impulsor, bicarbonato y sal) en tres veces, alternando con la nata, en dos veces. Empezaremos y acabaremos con la mezcla de secos.
Mezclaremos los ingredientes solo hasta que estén integrados.
Es hora de pasar la masa a los moldes, sea cual sea vuestra elección. Echaremos un tercio de la masa en nuestro molde y sobre ella pondremos un tercio del azúcar de canela que hemos preparado y reservado. Volvemos a poner otro tercio de la masa y sobre este, otra vez, pondremos otro tercio del azúcar de canela. Encima le ponemos la tercera capa de masa y sobre esta el tercio que nos queda de azúcar de canela.




Con un cuchillo haremos un zig-zag desde una esquina del molde hasta la esquina opuesta. Hacedlo solo una vez (aunque estéis tentad@s de repetirlo). Si os animáis a probar también en forma de magdalena en lugar de hacerlo con un cuchillo podéis usar un palillo y hacer la forma de una espiral. La idea es conseguir el efecto marmolado en la masa. 


Ya podéis meterlo en el horno durante 50 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio. Os quedará un bizcocho dorado y que seguramente se habrá abierto como consecuencia del zigzagueo del cuchillo.
Dejadlo enfriar sobre una rejilla unos 15 minutos antes de sacarlo del molde. Si utilizáis moldes de un solo uso, obviamente este paso os lo saltáis… y tan solo tendréis que esperar a que se enfríe para hincarle el diente J! Este es el resultado:



Espero que os animéis porque tal como nos dicen en Baked in America: Teamed with a cup of strong, hot coffee, this will get you started on the right foot even if you’ve woken up on the wrong side. One bite and all will be right in the world. At least for a few minutes, anyway.
Et c’est tout!

domingo, 10 de junio de 2012

Y para desayunar… “Llonguets”

Otro domingo más que llega. La verdad es que me gustan más bien poco…, o al menos nunca me habían gustado demasiado hasta que descubrí que eran un gran día para encender el horno. Desde entonces, me los tomo de otra manera J.
En cualquier caso, siempre es más fácil llegar positiva al lazy Sunday si la semana ha sido buena o, al menos, si el sábado anterior ha sido genial… veis por dónde voy, ¿verdad? Sigo dándole vueltas a mi futuro inmediato y no, no he avanzado demasiado, así que todavía me encuentro entre el ganchillo y el máster (bueno, al menos ya he descartado el Patchwork y el Doctorado J) por lo que mi semana no ha sido gloriosa… buena sí, pero todavía no llega al estado de gloriosa, pero al menos, ayer me lo pasé genial. Después de haber tenido hibernando el coche durante casi tres semanas (y creedme, eso para una novata es muy, pero que muy peligroso –es fulminante lo rápido que olvidan los pies J-) por fin hemos conseguido hacer una mini escapada. Y nos acompañó mi sister así que la excursión ya prometía de por sí. Tocaba “sábado de compras!!” y pasó lo inevitable: pocas compras, pero muy buen rollo! Eso sí, el próximo día nos llevaremos la cámara para dejaros alguna prueba.
Pero volviendo a lo que nos interesa. Os lo advertí, sí, sí, ya os avisé, me encanta hornear pan. Si he de ser totalmente sincera, las masas que más me gustan son aquellas con tal grado de hidratación que te vuelven medio loca cada vez que tienes que hacer un pliegue, pero también es cierto que hay masas muy agradecidas con una hidratación mucho menor, de un 50-55%, que también están más que ricas y que, por si eso fuera poco, son mucho más fáciles de manipular. La masa de los llonguets es un claro ejemplo. Son unos bollitos regordetes y con una profunda hendidura en el centro típicos de Mallorca, aunque yo todavía sueño con los llonguets que me he comido durante años en Menorca… Casan absolutamente con todos, sea una buena mermelada, un poco de sobrasada o sencillamente con un buen aceite de oliva virgen y una pizca de sal. ¡Temendos! Pero lo mejor de todo es que además son fáciles de hacer y se pueden congelar. ¿No me creéis? Ahí os dejo la receta para que lo confirméis vosotros mismos:


Ingredientes (receta del Pa dels Ferrer)
Esponja
200 gr de harina
120 gr de agua
2 gr de levadura fresca

Masa llonguets
100 gr de la esponja preparada la noche anterior
500 gr de harina panificable (hago una mezcla de cuatro partes de harina panificable normal por una de harina de fuerza)
310 gr de agua
3 gr de levadura fresca
10 gr de sal marina fina

Elaboración:
La noche anterior mezclamos los ingredientes para preparar la esponja. Una vez los ingredientes ya estén del todo integrados, y tras trabajar durante unos minutos la masa, formamos una bola y la metemos en un bol (untado con un poco de aceite de oliva virgen). Tapamos el bol con un plástico y lo dejamos en la nevera hasta la mañana siguiente.
Pasada la noche, ya podemos sacar nuestra esponja de la nevera y dejarla atemperar un poco. Por otro lado vamos mezclando el resto de ingredientes. Cuando estén bien integrados ya podremos añadir los 100 gr de esponja. (Nos sobrará esponja, así que también podemos aprovechar para hacer una hogaza de pan blanco o directamente podéis dividir la esponja que nos ha sobrado en dos y congelarla por separado de manera que para el próximo día solo tendréis que sacarla del congelador y esperar a que se descongele para hacer más llonguets J).
Amasamos bien la masa hasta que esté elástica y fina de forma que al hacer una bola la masa quede fina como el culito de un bebé. En este punto, untamos un bol con un poquito de aceite y metemos nuestra bola dentro. Tapamos con un pástico y la dejamos reposar hasta que haya doblado el volumen, unas dos horas aproximadamente, aunque ahora que se acerca el verano seguro que subirá un poquito antes.
Cuando hayan pasado las dos horas ya podemos darle forma. Enharinamos un poco la encimera y volcamos en ella la masa. La estiramos dándole forma rectangular y la enrollamos formando un cilíndro. Quedará uno bastante largo.

Una vez lo tengáis así formado  es hora de aplanar un poco la masa y de plegarla  en tres partes (una sobre la otra). Cuando ya la tenemos doblada es el momento de aplanar un poco los laterales (no te hace falta el rodillo, sino que con las manos podrás hacerlo). Coge uno de los laterales que acabas de aplanar y enróllalo hacia arriba. Después coge la otra falda y haz lo mismo, también hacia arriba, hacia el centro del cilindro. 

Te volverá a quedar una forma de macarrón J. En este punto ya es cuando tenemos que cortar nuestros llonguets.

Con una rasqueta de panadero corta piezas de unos dos dedos de ancho y déjalas reposar en un trapo bien enharinado y tapadas durante unos 30 minutos. (As usual, los tiempos son aproximados, ya que dependerá mucho de la temperatura de vuestro lugar de trabajo).

Ya podéis ir precalentando el horno a unos 220°C. A mí me gusta hornearlos con piedra, así que encendí el horno un rato antes, para que la piedra estuviera bien caliente al entrar los panecillos. Cuando los llonguets hayan hecho su última fermentación es hora de pasarlos a la bandeja del horno (o a la piedra, si te decides a utilizarla) y de hacer un corte central bien profundo en cada uno de ellos con nuestra cuchilla.
Hornear unos 25 minutos a 220°C y este es el resultado:

Et c’est tout! Ya me diréis cómo os quedan.


Enviada a YeastSpotting

domingo, 3 de junio de 2012

Carquiñolis

Sí, hace un día horrible, está nublado, la humedad se nos está comiendo y el sol no parece ser que vaya hoy a dignarse a mostrar sus encantos, pero de todos modos  ¡¡¡hoy es un gran día!!!
De hecho, está siendo un gran fin de semana. Y ¿por qué? Os acordáis de mis semanas horribilis ¿verdad? ¿De aquellas tormentosas nubes que no hacían más que pasearse por mi cabeza? Pues han desaparecido, sí, finalmente se han esfumado porque ¡lo he conseguido! He pasado el examen que me estaba volviendo loca y con él he logrado cerrar un capítulo muy, pero que muy largo de mi vida. Sería injusto decir que no ha sido también uno de los períodos más enriquecedores, pero sinceramente, cuando las cosas duran tanto, tantísimo, a veces se hacen asimismo agotadoras. En fin, ahora tendré que romperme la cabeza decidiendo a qué quiero dedicar mi tiempo libre… Se aceptan sugerencias. Mis posibilidades van desde ponerme al día con el ganchillo hasta prepararme el doctorado, así que como podréis ver todavía no lo tengo claro… Por si esto fuera poco ya de por sí, ayer hizo un día espléndido y pudimos salir a caminar.

Me encanta levantarme muy temprano el fin de semana y echarme a andar, y si además, me acompañan mi marido y mi sister, entonces ya es un día completo! La verdad es que os lo recomiendo. Buscad una ruta que os llame la atención, enfundaros unas buenas zapatillas de raid y echaros a andar, o a correr, dependiendo de vuestra forma física, ¡ya veréis como cuando lleguéis a vuestro destino os sentís como nuevos! ¡A mí me funciona!

Pero bueno, estoy segura de que no estáis por aquí para que os cuente mis torbellinos mentales o mis escapadas al monte, sino que seguramente os interese más ver alguna cosa rica, rica, rica J… y aquí os la traigo.
Al igual que los melindros de la semana pasada hoy os traigo otra propuesta muy fácil de hacer y rápida. ¿Qué hay más rico que unos carquiñolis de almendra con un puntito de canela para acompañar el café de la sobremesa?

Aquí os dejo la receta:
Ingredientes (para una bandeja de horno llena):
150 gr de harina normal blanca
100 gr de azúcar
100 gr de almendras crudas con piel (también los podéis hacer con avellanas o con pistachos)
4 gr de impulsor (levadura Royal)
1 huevo grande
Un poco de ralladura de limón y una  pizca de canela en polvo
Leche para pintar
Elaboración:
Ya puedes encender el horno para que se vaya precalentando a 180° por arriba y por abajo sin ventilador, porque la masa se prepara muy rápido.
En un bol mezcla al azúcar y el huevo con un poco de ralladura de limón. En otro bol mezcla la harina, el impulsor y la puntita de canela en polvo (si te encanta la canela añade un poquito más J). Ahora ya puedes mezclar el contenido de ambos boles hasta formar una masa un poco pegajosa, pero no blanda. Una vez tengamos ya la masa es hora de añadir las almendras crudas enteras y mezclarlo todo bien (al principio cuesta un poco, pero se acaban integrando).
Pasa la masa a la encimera, que habrás enharinado un poco previamente, y córtala en dos partes. Estíralas para hacer un par de barras de unos 3-4 cm de diámetro. Una vez ya las tengas preparadas puedes pasarlas a la bandeja de horno, que tendrás forrada con papel sulfurizado, y aplanarlas un poco. Ya solo te queda pintar las barras con leche (o también podrías con huevo batido) y hornearlas durante unos 20 minutos a 180°. Verás que se pondrán doraditos.
Una vez dorados saca la bandeja del horno y, en caliente, corta los carquiñolis de una anchura aproximada de 0,5 cm. Vuelve a ponerlos en la bandeja del horno, esta vez planos, y vuélvelos a introducir en el horno unos 5-10 minutos, hasta que los veas bien tostaditos (cuanto más tiempo los tengas en el horno, más crujientes te quedarán). Déjalos enfriar unos minutos sobre una rejilla y ya podrás disfrutar de estos bocaditos de cielo! Aquí os dejo el resultado:



Et c’est tout!