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domingo, 20 de enero de 2013

Bake the World: Lavash Crackers


¡Y sigue lloviendo! 

Cuando ayer abrió el ojo amenazaba, pero a media mañana ya se lanzó el temporal y ahí que sigue… y mi nevera vacía, porque como ya os podéis imaginar, con este tiempo quién podía tener ganas ayer de salir a comprar!
Por otro lado, lo muy positivo de estos días grises, lluviosos y fríos es que se está de muerte en casa, bien tapadita con una manta y con un tazón de té bien caliente alegrándote el alma, y si eso lo aderezamos con una buena compañía… un día perfecto!
Siento haber tardado tanto en volver a dar señales de vida, pero han sido unas semanas un poco… atareadas, por decirlo finamente. Lo positivo, en cualquier caso, es que ya me he quitado de encima uno de los parciales del curso de nutrición, me ha dado tiempo de entregar un par de trabajos y sí, además, finalmente justo después de Reyes, me saqué el carnet de moto! Y claro, una vez aprobado el examen solo había una cosa más que hacer J! Así que sí, ya somos un miembro más en la familia. No os voy a aburrir con modelos ni marcas, don´t panic, tan solo os diré que mi nueva compañera es realmente gloriosa J!
Pero volvamos a la cocina. Nuevamente creía que no me iba a dar tiempo a llegar al reto de este mes de Bake the World, pero, por suerte, al final me he animado a encender el horno y he logrado hacer mi entrega on time. Este mes el reto ha sido un pan realmente versátil e interesante como aperitivo. Se trata de una receta muy fácil de preparar y que da como resultado un pan crujiente, ideal para acompañar unos tacos de queso, unas aceitunas y una copa de vino. El lavash es un pan armenio que también encontramos en Irán y en prácticamente todo el Oriente Próximo, con algunas variaciones. También se parece mucho a otros panes del norte de África. Es similar a los manloush o manaeesh (Líbano), barbari (Irán), aiysh (Egipto), kesret o mella (Túnez)… Según nos cuenta Richard Reinhart en su fantástico libro El aprendiz de panadero, la principal diferencia entre todos ellos es el grosor de la masa y el tipo de horno en el que se cuecen. En el caso del lavash  el secreto para que quede bien crujiente es conseguir dejarlo tan fino como una hoja de papel. Luego, si queremos que los trozos nos queden más o menos uniformes, tan solo tendremos que cortar la masa antes de hornearla, pero también nos pueden quedar trozos irregulares muy vistosos partiendo el pan una vez horneado. Es cuestión de gustos! Si, en cambio, preferimos utilizar el lavash en versión bocadillo, enrollándolo, tan solo hemos de dejar la masa más gruesa y menos hecha, sin cortarla, de manera que mantenga su consistencia, pero sin llegar a romperse. Cuando vayamos a enrollar el lavash tan solo tendremos que humedecerlo un poco con agua y se ablandará en 3-5 minutos volviéndose una masa maleable. Aquí os dejo la receta:
Lavash crackers


Ingredientes (para una hoja del tamaño de una bandeja. Receta del libro El aprendiz de panadero)
190 gr harina panificable
4 gr sal marina
1,5 gr levadura seca instantánea (active dried yeast)
22 gr miel suave
14 gr aceite de oliva virgen extra
90-120 gr agua, a temperatura ambiente  (en mi caso 110 gr)
Para decorar
Semillas de lino, de amapola, de sésamo, pimentón picante, sal gordita, granos de anís.
Elaboración:
En un bol mezclamos la harina, la sal, la levadura, la miel, el aceite y el agua que haga falta para ligar todos los ingredientes, en mi caso unos 110 gr (aprox.). Cuando todos los ingredientes estén bien integrados ya podemos pasar nuestra masa a la superficie de trabajo sin enharinar. La trabajamos unos 10 minutos hasta que nos quede una masa fina, lisa y elástica, nada pegajosa. En este punto le daremos forma de bola y la dejaremos fermentar en un bol ligeramente engrasado, tapada con un plástico y un trapo durante unos 90 minutos, o hasta que doble su volumen.
Cuando la masa ya esté lista tan solo nos queda pasarla a nuestra superficie de trabajo, que habremos pulverizado ligeramente con aceite. La presionamos con los dedos para darle forma cuadrada y la espolvoreamos ligeramente con harina. Con la ayuda de nuestro rodillo la vamos estirando hasta hacerla bien fina. Cuando ya la tengamos del grosor adecuado la tapamos con un trapo y la dejamos reposar unos cinco minutos.
Aprovechamos para ir precalentando el horno a 175°C.
Cogemos una bandeja de horno y la forramos con papel de hornear. Con mucho cuidado pasamos nuestra masa a la bandeja, cortando lo que sobre, y la pulverizamos con un poco de agua. Ya podemos decorarla como más nos guste. En mi caso le puse semillas de lino, de sésamo, de amapola, anís en grano y pimentón picante. Por encima le puse una pizca de sal gorda y al horno! Puedes cortar la masa antes de meterla en el  horno, si quieres tener trozos uniformes, o directamente romper la masa una vez ya esté horneada, a tu elección.
Una vez en el horno tan solo deberás esperar unos 15 minutos aproximadamente. Si tu masa es muy fina la tendrás lista un pelín antes. Cuando esté cocida ya podemos retirarla del horno y dejarla enfriar. Una vez fría, y si no la habías cortado antes, es el momento de romperla en trozos y de ponerla en la mesa. Ya verás cómo desaparece! Aquí os dejo el resultado:




Et c’est tout! Ya veréis cómo os encanta!
Enviada a YeastSpotting

domingo, 30 de septiembre de 2012

Ha vuelto el sol... Greek (Easter) Bread para celebrarlo!!

Ayer fue un día gris… Nos levantamos pronto y tras un fantástico desayuno nos pusimos en marcha. A mi media naranja le ha tocado trabajar todo el fin de semana, así que nuestros caminos se separaron desde bien temprano. Yo aproveché para hacer un poco de marujilla, yendo a hacer unos recados y rellenando nuestra nevera, pero después de ese par de cosas y de haber tenido que hacerlas tapada hasta la nariz con mi impermeable y con mis fantásticas botas de agua, me encerré en casa a hacer un poco de ameba. He de reconocer que no es algo que me guste practicar en exceso, de hecho no me gusta nada e incluso me provoca una horrible sensación de culpabilidad…, pero es que ayer no había más remedio. No paró de diluviar en todo el día, así que las únicas opciones que tenía eran o quedarme en casa o dar un paseo en barca J! Y sí, me podéis decir que siempre hay mil cosas que hacer incluso quedándonos en casa… y tendréis razón, pero creo que mi cabeza estaba tan gris como el cielo que se veía desde el balcón, así que definitivamente, no, no fue un día productivo.
Bueno, no lo estaba siendo hasta que decidí enfundarme el delantal y meterme un rato en la cocina. Eso suele funcionar J, y esta vez no iba a ser menos. La receta que me apetecía probar no tiene nada qué ver con esta época del año, de hecho se trata de un pan griego típico de Pascua, pero… tampoco hay que ser puntilloso con esas cosas, verdad? En cualquier caso, se trata de un pan suave y esponjoso que nos dejará un fantástico olorcico a anís en toda nuestra cocina. Si os gustó el Challah, seguro que también os gustará el Greek Easter Bread que os traigo hoy. Aquí os dejo la receta:
Ingredientes (receta de The Australian Women’s Weekly Magazine Muffins and Breads, 2008)
7 gr levadura seca
1 cucharadita (tsp) de azúcar
180 gr leche caliente
75 gr harina panificable
100 gr mantequilla sin sal, deshecha
2 huevos (L), batidos ligeramente
75 gr azúcar, extra
450 gr harina panificable, extra
2 cucharaditas (tsp) de anís en grano
½ cucharadita (tsp) de sal

Para pintar
1 yema de huevo
2 cucharadas (tbsp) de leche, extra

Elaboración (1 loaf)
Ponemos la levadura, el azúcar y la leche caliente en un bol grande. Mezclamos hasta que la levadura esté disuelta. Añadimos la harina tamizada y tras mezclarlo lo dejamos reposar tapado con un plástico y un trapo durante aproximadamente unos 45 minutos (hasta que haya doblado su volumen).
Pasado ese tiempo le añadimos la mantequilla, los huevos y el azúcar extra. Cuando los ingredientes estén bien integrados será el momento de añadir la harina extra tamizada, el anís y la sal, en dos tandas. Pasamos nuestra masa a la superficie de trabajo y amasamos durante unos 10 minutos o hasta que nos quede una masa elástica y fina. As usual, es una masa un poco pegajosa al principio..., pero se consigue! (intentad hacerlo sin enharinar la superficie de trabajo ayudándoos del amasado francés). Una vez esté lista la pasaremos a un bol ligeramente engrasado y la dejaremos reposar hasta que haya doblado su volumen, aproximadamente 1 hora y 30 minutos.
Tras este levado pasamos la masa a nuestra superficie de trabajo ligeramente enharinada y la desgasificamos un poco. Ya podemos dividir la masa en 6 porciones y dar forma de cilindro a cada una de las porciones, de aproximadamente unos 33 cm. Trenzamos los cilindros de dos en dos de manera que nos quedaran tres trenzas. Damos forma redonda a cada una de las trenzas y las ponemos una al lado de la otra (en forma de triángulo) bien juntas sobre nuestra placa del horno, que habremos forrado con un poco de papel de hornear. Pintamos las juntas de nuestras trenzas con un poco de agua para que se queden pegadas y las cubrimos con un plástico y un trapo de cocina durante unos 45 minutos más (o hasta que vuelvan a subir, sin llegar a doblar el volumen).
Precalentar el horno a 200 °C.
Cuando ya estén listas las pintaremos con la mezcla de la yema de huevo y la leche extra y ya podremos meterlas en el horno durante 10 minutos. Tras los 10 minutos bajaremos la temperatura de nuestro horno a 180° C y seguiremos horneándolas durante 30 minutos más. Sencillo, ¿verdad? Pues este es el resultado:


Ha salido el sol así que voy a ver si me da un poco de aire fresco J. Nos vemos la semana que viene!


Enviada a Yeastspotting