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domingo, 20 de enero de 2013

Bake the World: Lavash Crackers


¡Y sigue lloviendo! 

Cuando ayer abrió el ojo amenazaba, pero a media mañana ya se lanzó el temporal y ahí que sigue… y mi nevera vacía, porque como ya os podéis imaginar, con este tiempo quién podía tener ganas ayer de salir a comprar!
Por otro lado, lo muy positivo de estos días grises, lluviosos y fríos es que se está de muerte en casa, bien tapadita con una manta y con un tazón de té bien caliente alegrándote el alma, y si eso lo aderezamos con una buena compañía… un día perfecto!
Siento haber tardado tanto en volver a dar señales de vida, pero han sido unas semanas un poco… atareadas, por decirlo finamente. Lo positivo, en cualquier caso, es que ya me he quitado de encima uno de los parciales del curso de nutrición, me ha dado tiempo de entregar un par de trabajos y sí, además, finalmente justo después de Reyes, me saqué el carnet de moto! Y claro, una vez aprobado el examen solo había una cosa más que hacer J! Así que sí, ya somos un miembro más en la familia. No os voy a aburrir con modelos ni marcas, don´t panic, tan solo os diré que mi nueva compañera es realmente gloriosa J!
Pero volvamos a la cocina. Nuevamente creía que no me iba a dar tiempo a llegar al reto de este mes de Bake the World, pero, por suerte, al final me he animado a encender el horno y he logrado hacer mi entrega on time. Este mes el reto ha sido un pan realmente versátil e interesante como aperitivo. Se trata de una receta muy fácil de preparar y que da como resultado un pan crujiente, ideal para acompañar unos tacos de queso, unas aceitunas y una copa de vino. El lavash es un pan armenio que también encontramos en Irán y en prácticamente todo el Oriente Próximo, con algunas variaciones. También se parece mucho a otros panes del norte de África. Es similar a los manloush o manaeesh (Líbano), barbari (Irán), aiysh (Egipto), kesret o mella (Túnez)… Según nos cuenta Richard Reinhart en su fantástico libro El aprendiz de panadero, la principal diferencia entre todos ellos es el grosor de la masa y el tipo de horno en el que se cuecen. En el caso del lavash  el secreto para que quede bien crujiente es conseguir dejarlo tan fino como una hoja de papel. Luego, si queremos que los trozos nos queden más o menos uniformes, tan solo tendremos que cortar la masa antes de hornearla, pero también nos pueden quedar trozos irregulares muy vistosos partiendo el pan una vez horneado. Es cuestión de gustos! Si, en cambio, preferimos utilizar el lavash en versión bocadillo, enrollándolo, tan solo hemos de dejar la masa más gruesa y menos hecha, sin cortarla, de manera que mantenga su consistencia, pero sin llegar a romperse. Cuando vayamos a enrollar el lavash tan solo tendremos que humedecerlo un poco con agua y se ablandará en 3-5 minutos volviéndose una masa maleable. Aquí os dejo la receta:
Lavash crackers


Ingredientes (para una hoja del tamaño de una bandeja. Receta del libro El aprendiz de panadero)
190 gr harina panificable
4 gr sal marina
1,5 gr levadura seca instantánea (active dried yeast)
22 gr miel suave
14 gr aceite de oliva virgen extra
90-120 gr agua, a temperatura ambiente  (en mi caso 110 gr)
Para decorar
Semillas de lino, de amapola, de sésamo, pimentón picante, sal gordita, granos de anís.
Elaboración:
En un bol mezclamos la harina, la sal, la levadura, la miel, el aceite y el agua que haga falta para ligar todos los ingredientes, en mi caso unos 110 gr (aprox.). Cuando todos los ingredientes estén bien integrados ya podemos pasar nuestra masa a la superficie de trabajo sin enharinar. La trabajamos unos 10 minutos hasta que nos quede una masa fina, lisa y elástica, nada pegajosa. En este punto le daremos forma de bola y la dejaremos fermentar en un bol ligeramente engrasado, tapada con un plástico y un trapo durante unos 90 minutos, o hasta que doble su volumen.
Cuando la masa ya esté lista tan solo nos queda pasarla a nuestra superficie de trabajo, que habremos pulverizado ligeramente con aceite. La presionamos con los dedos para darle forma cuadrada y la espolvoreamos ligeramente con harina. Con la ayuda de nuestro rodillo la vamos estirando hasta hacerla bien fina. Cuando ya la tengamos del grosor adecuado la tapamos con un trapo y la dejamos reposar unos cinco minutos.
Aprovechamos para ir precalentando el horno a 175°C.
Cogemos una bandeja de horno y la forramos con papel de hornear. Con mucho cuidado pasamos nuestra masa a la bandeja, cortando lo que sobre, y la pulverizamos con un poco de agua. Ya podemos decorarla como más nos guste. En mi caso le puse semillas de lino, de sésamo, de amapola, anís en grano y pimentón picante. Por encima le puse una pizca de sal gorda y al horno! Puedes cortar la masa antes de meterla en el  horno, si quieres tener trozos uniformes, o directamente romper la masa una vez ya esté horneada, a tu elección.
Una vez en el horno tan solo deberás esperar unos 15 minutos aproximadamente. Si tu masa es muy fina la tendrás lista un pelín antes. Cuando esté cocida ya podemos retirarla del horno y dejarla enfriar. Una vez fría, y si no la habías cortado antes, es el momento de romperla en trozos y de ponerla en la mesa. Ya verás cómo desaparece! Aquí os dejo el resultado:




Et c’est tout! Ya veréis cómo os encanta!
Enviada a YeastSpotting

domingo, 4 de noviembre de 2012

Pan de calabacín y zanahoria

¡¡Ya estamos de vuelta!! Sí, finalmente se nos acabaron las mini vacaciones por el Norte y tenemos que volver a la realidad… una lástima…, pero nos hemos quedado prendados de los sitios que hemos visitado y de la gente que nos hemos encontrado por el camino.
Todo fue muy precipitado. A mi media naranja todavía le quedaban días de vacaciones, así que decidimos montar una escapadita. Lo difícil era organizarlo, ya que nos pasamos el día fuera de casa haciendo mil cosas… por suerte, mi alma gemela encontró el momento para reservar los hoteles y para preparar la ruta (de la que me enteré conforme iba conduciendo J). La primera parada era Tudela, donde llegamos con un sol espléndido. Estuvimos paseando por sus calles durante un buen rato antes de volver a subirnos al coche para dirigirnos a Logroño. ¿Habéis estado alguna vez? A nosotros nos encantó! Después de pasear por todo el casco antiguo, de acercarnos a las bodegas de Marqués de Riscal, y de pasar allí la noche (menuda helada que cayó durante la madrugada!), enfilamos para Olite, donde paramos para visitar sus calles medievales y su Palacio.

Y luego, para Pamplona. Allí también pasamos otro día, y su correspondiente noche, y al día siguiente nos dirigimos hacia Vitoria. De camino, aprovechamos para visitar Puente la Reina, sus calles estrechas y su puente románico, y Santa María de Eunate, una de las iglesias más bonitas y curiosas que hayamos visto. Es una construcción del siglo XII de planta octogonal que se alza, solitaria, en medio de un llano. Es diferente a cualquier otro templo que haya visto y la verdad es que vale la pena su visita.

Vitoria, para no perder ya la costumbre, nos encantó. Su casco antiguo parece sacado de otra época… estuvimos en un hotelito justo en el centro, así que no podíamos estar mejor. Al día siguiente llegó Bilbao. Creo que es lo que más me ha gustado de todo lo que hemos visto, aunque, para ser sincera, no sé si fue por la propia ciudad o por una exposición impresionante de Egon Schiele que había en el Guggenheim... ¡Os la recomiendo encarecidamente! Se han traído muchísimas de las obras que habitualmente residen en el Albertina de Viena por lo que, si os gusta este pintor, no os la podéis perder. Cuando salimos del Museo ya había caído la tarde y era hora de cenar, así que aprovechamos para acercarnos a sus calles llenas de bares y para degustar sus míticos pinchos, acompañados de alguna que otra copa de Txakolí J!

Al día siguiente una niebla espesa nos hizo la salida de Bilbao mucho más… excitante (novata, aún con la L, envuelta en una niebla espesa… ¿os imagináis el resultado? La parte positiva es que pude probar las luces antiniebla de mi coche y sí, funcionan perfectamente J).
Ya se estaba acercando el final del viaje… pero todavía nos quedaban unos días. Pasamos por Zarautz donde aprovechamos para hacer un alto en el camino y para tomarnos un café y un bizcochito de avellanas. Dimos un paseo por sus calles y por su impresionante playa y volvimos al coche para finalmente llegar a San Sebastián… donde, después de llevar toda la semana esquivando al mal tiempo, ¡¡nos diluvió!! 



Dimos un paseo, paraguas en mano, y nos paramos a comer en un bar en la Plaza de la Constitución. La lluvia no arremetió, así que nuestra visita fue pasada por agua y, aunque no es lo mismo, la playa de la Concha sigue siendo una belleza, con agua o sin ella…
Pero después de varios días y de más kilómetros tocaba volver a casa, y, si os he de ser sincera, la verdad es que echaba de menos a mis gatas, charlar un buen rato con mi sister y disfrutar de mi casa y de mi horno J. Bajé a la frutería y cargué mi nevera hasta los topes con frutas y verduras, revisé mi nivel de harinas y, sí, ya tenía todos los ingredientes necesarios para hornear un poco de pan para el desayuno de hoy. Me apetecía preparar algo diferente y mi sister ya me había pedido hace días un pan de calabacín y zanahoria que habíamos visto en el libro Pan de Linda Collister, así que con unas ganas tremendas de probar algo nuevo me puse manos a la obra. El resultado es un pan con cierta humedad en su miga, muy blandito, suave y esponjoso. Perfecto para tostarlo en el desayuno y acompañarlo de algo ligero… tal vez un poco de queso fresco o una loncha de pavo braseado… o si eres como yo, te bastará con una pizca de sal gordita y un buen aceite de oliva virgen extra… ummmm ¡delicioso! Aquí os dejo la receta por si os apetece probarlo.
Ingredientes (receta del libro Pan de Linda Collister, para 2 loafs)
500 gr calabacín sin pelar rallado
1 ½ cucharadas (tbsp) sal marina
200 gr zanahorias peladas y ralladas
350 gr harina de fuerza
350 gr harina integral molida a la piedra
15 gr levadura fresca (yo no tenía así que lo sustituí por 7gr de levadura seca)
350 gr agua tibia
2 moldes de pan de 900 gr cada uno, debidamente engrasados
Elaboración
Lo primero que tenemos que hacer es rallar los calabacines y dejarlos reposar en un colador durante unos 20 minutos mezclados con una cucharada de sal. Pasado ese tiempo iremos cogiendo puñados de calabacín y los iremos exprimiendo para quitarle el exceso de agua.
Por otro lado, ya puedes mezclar las harinas con la levadura seca, la sal restante y las zanahorias ralladas. Una vez bien mezclado todo le iremos añadiendo el calabacín. Una vez estén los ingredientes integrados iremos incorporando el agua hasta que tengamos una masa ligeramente blanda. Como siempre, lo ideal es ir incorporando el agua poco a poco para ver cuánta es capaz de absorber tu harina, pero si, por el contrario, se la has puesto toda directamente, siempre puedes tener a mano una cucharada extra de harina por si te hiciese falta. Si en lugar de levadura seca has utilizado fresca el proceso varía ligeramente. Lo único diferente sería que desmenuzaríamos la levadura en un poco de agua y removeríamos hasta que estuviese totalmente desleída. Una vez ya la tuviésemos la verteríamos sobre la mezcla de las harinas y hortalizas e iríamos añadiendo el resto del agua poco a poco, hasta obtener una masa ligeramente blanda e irregular. 

En este punto ya podemos pasar nuestra masa a la superficie de trabajo donde la amasaremos hasta que nos haya quedado muy fina y flexible.
Cuando la masa ya esté en su punto la pasaremos a un bol ligeramente engrasado con aceite de oliva y la taparemos con papel film y un trapo. La dejaremos levar 1h 30-2h, dependiendo de la temperatura de nuestra cocina o hasta que haya doblado su volumen.
Pasado ese tiempo la volcaremos, ayudándonos de una rasqueta, sobre nuestra superficie de trabajo ligeramente enharinada. Es momento de desgasificarla un poco y de dividirla en dos para formar nuestros panes. Cogeremos una de las porciones y la aplastaremos un poco dándole una forma cuadrada. Iremos a uno de los laterales y lo llevaremos al medio. Luego cogeremos el lateral contrario y también lo llevaremos al medio. Ahora tendremos una forma rectangular. Desde uno de los lados cortos empezaremos a enrollar nuestra masa para darle una forma cilíndrica. Cuando ya tengamos nuestro cilindro preparado lo meteremos en el molde debidamente engrasado y repetiremos la misma operación con la otra porción de masa.
Cubre los moldes con un plástico (o directamente mételos en una bolsa de plástico) y deja reposar la masa durante aproximadamente 1 hora, o hasta que nuevamente haya doblado su volumen.   
Es momento de ir precalentando tu horno a 220°C.
Cuando la masa ya haya subido lo suficiente pincela la superficie de los panes levados con aceite e introdúcelos en el horno. Hornea durante aproximadamente unos 35 minutos. Si ves que se doran demasiado cúbrelos con un poco de papel de aluminio. Cuando ya estén listos tan solo te quedará desmoldarlos y dejarlos enfriar sobre una rejilla.



Mi recomendación es que los cortes en rebanadas y tuestes ligeramente conforme os apetezcan. Como la miga tiene un punto de humedad muy interesante durará perfectamente unos 4 días (aproximadamente). La parte menos positiva de este pan es que no lleva muy bien eso de que lo congelen… pero si veis que es demasiada cantidad siempre podéis dividir la receta y preparar solo un loaf en lugar de dos. ¡¡A mí ya me ha desaparecido!! Aquí tenéis el resultado:




Et c’est tout!! ¿Os animáis?




Enviada a YeastSpotting

martes, 16 de octubre de 2012

World Bread Day!

Y ya estoy otra vez aquí. Sí, lo sé, tampoco me esperabais hoy, ¿verdad? Pues vuelve a ser de esos días en los que hay que hacer una excepción J! Así que tendríais que verme sentada en una cafetería con mi portátil prácticamente sin  batería y la mar de contenta con mi tazón de té… La mañana ha sido un poco dura, más que nada porque mis prácticas siguen siendo más accidentadas de lo que me gustarían. Nada de importancia, pero hay momentos en los que me gustaría estar un poco más acolchada… no entraré en detalles :-p…
Pero volvamos a lo importante, hoy es el World Bread Day 7th edition!!! Seguro que muchos de vosotr@s ya os acordabais, pero por si las moscas… refresco la memoria a los que no lo tenían presente. Se trata de una iniciativa en la que nos animan a hornear pan en casa al menos el día de hoy, y como no podía ser de otra manera, me moría de ganas de participar.
Le he estado dando muchas vueltas a qué receta aportar… hay panes que quitan el sentido solo con olerlos, otro son la mar de vistosos y atractivos para niños y mayores… pero hay un factor importante (y muchas veces erróneo) en el hecho de hornear pan en casa: mucha gente tiene la percepción de que es algo extremadamente difícil, cuando en realidad no siempre lo es. Obviamente, hay panes con un grado de dificultad realmente alto, pero no todos los panes que podemos preparar tienen porqué ser más complicados que presentar nuestra tesis en la universidad! Desde mi humilde opinión, lo mejor es ir subiendo la dificultad poco a poco, preparar mil veces un pan antes de pasar al siguiente y disfrutar ampliando nuestros horizontes. Sin lugar a dudas, un buen libro nos ayudará a hacernos la vida más fácil hasta que conozcamos las texturas, la humedad necesaria… pero os aseguro que llega un día en el que sabes cuándo es el momento de dejar levar nuestra masa y cuándo ha levado ya suficiente y está pidiendo a gritos que la metamos en el horno, sí, ese día llega J!
De todos modos, aunque yo aquí me dedique a hacer una apología del hecho de hornear pan en casa y de que el grado de dificultad es relativo estoy segura de que no todo el mundo me creerá y se sentirá un poco abrumado ante la idea de tener que trabajar con este tipo de recetas. Pero ¡si hasta mi propia sister lo ve realmente complicado!
Teniendo esta realidad fijada en la cabeza finalmente me decidí por traeros un pan que es imposible que os quede mal, totalmente imposible! No lleva amasado, que es la parte que normalmente más asusta a todos, así que esta vez sí, que sí, que no tenéis excusa para intentarlo. Os quedará un pan agradable, tierno, ideal para hacer tostadas; de hecho, tendréis la tostada perfecta!! La elaboración no os llevará más de 10 minutos y solo necesita 25 minutos de horno, así que si alguien dice que es complicado, me rindo J. Aquí os dejo la receta para que juzguéis por vosotr@s mismos:
English Muffin Bread



Ingredientes (1 loaf)
361 gr harina de todo uso
1 cucharada (tbsp) azúcar
1 ½ cucharadita (tsp) sal
¼ cucharadita (tsp) bicarbonato sódico
1 cucharada (tbsp) levadura seca (active instant yeast)
227 gr leche (en mi caso semidesnatada)
57 gr agua
2 cucharadas (tbsp) aceite de oliva virgen extra
Elaboración
En un bol mezclamos la harina, el azúcar, la sal, el bicarbonato sódico y la levadura seca, hasta integrar todos los ingredientes.
Por otro lado, calentamos un poco la leche, el agua y el aceite (a unos 37°C). Más o menos tenemos que notarla caliente, pero sin que nos queme.
Añadimos los ingredientes líquidos a los secos y lo mezclamos bien durante aproximadamente 1 minuto bien fuerte. Nos quedará una masa muy suave y pegajosa.
Ya podemos ir engrasando nuestro molde (el que utilizaríamos para preparar el pan de molde). Una vez bien engrasado ya solo nos quedará volcar dentro nuestra masa y ayudándonos con una espátula también engrasada anivelaremos la superficie para que nos quede bien planita.
Ves precalentando el horno a 200°C.
Cubre el molde con un plástico y un trapo y deja reposar la masa durante unos 45 minutos (o 1 hora, dependiendo de la temperatura de tu casa). En cualquier caso, la masa no debe sobrepasar el borde del molde. Cuando ya esté lista es el momento de retirar el plástico y el trapo y de hornear nuestra hogaza durante unos 25-27 minutos, hasta que quede doradito por encima.
Una vez cocido ya solo nos quedará dejarlo enfriar durante unos 5 minutos antes de desmoldarlo. Una vez desmoldado tendremos que dejarlo enfriar por completo antes de poder cortarlo.  ¡Y ya está listo! Este es el resultado:



Et c’est tout! ¿A que es la cosa más fácil que habéis visto? Esta vez tenéis que animaros J!

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domingo, 30 de septiembre de 2012

Ha vuelto el sol... Greek (Easter) Bread para celebrarlo!!

Ayer fue un día gris… Nos levantamos pronto y tras un fantástico desayuno nos pusimos en marcha. A mi media naranja le ha tocado trabajar todo el fin de semana, así que nuestros caminos se separaron desde bien temprano. Yo aproveché para hacer un poco de marujilla, yendo a hacer unos recados y rellenando nuestra nevera, pero después de ese par de cosas y de haber tenido que hacerlas tapada hasta la nariz con mi impermeable y con mis fantásticas botas de agua, me encerré en casa a hacer un poco de ameba. He de reconocer que no es algo que me guste practicar en exceso, de hecho no me gusta nada e incluso me provoca una horrible sensación de culpabilidad…, pero es que ayer no había más remedio. No paró de diluviar en todo el día, así que las únicas opciones que tenía eran o quedarme en casa o dar un paseo en barca J! Y sí, me podéis decir que siempre hay mil cosas que hacer incluso quedándonos en casa… y tendréis razón, pero creo que mi cabeza estaba tan gris como el cielo que se veía desde el balcón, así que definitivamente, no, no fue un día productivo.
Bueno, no lo estaba siendo hasta que decidí enfundarme el delantal y meterme un rato en la cocina. Eso suele funcionar J, y esta vez no iba a ser menos. La receta que me apetecía probar no tiene nada qué ver con esta época del año, de hecho se trata de un pan griego típico de Pascua, pero… tampoco hay que ser puntilloso con esas cosas, verdad? En cualquier caso, se trata de un pan suave y esponjoso que nos dejará un fantástico olorcico a anís en toda nuestra cocina. Si os gustó el Challah, seguro que también os gustará el Greek Easter Bread que os traigo hoy. Aquí os dejo la receta:
Ingredientes (receta de The Australian Women’s Weekly Magazine Muffins and Breads, 2008)
7 gr levadura seca
1 cucharadita (tsp) de azúcar
180 gr leche caliente
75 gr harina panificable
100 gr mantequilla sin sal, deshecha
2 huevos (L), batidos ligeramente
75 gr azúcar, extra
450 gr harina panificable, extra
2 cucharaditas (tsp) de anís en grano
½ cucharadita (tsp) de sal

Para pintar
1 yema de huevo
2 cucharadas (tbsp) de leche, extra

Elaboración (1 loaf)
Ponemos la levadura, el azúcar y la leche caliente en un bol grande. Mezclamos hasta que la levadura esté disuelta. Añadimos la harina tamizada y tras mezclarlo lo dejamos reposar tapado con un plástico y un trapo durante aproximadamente unos 45 minutos (hasta que haya doblado su volumen).
Pasado ese tiempo le añadimos la mantequilla, los huevos y el azúcar extra. Cuando los ingredientes estén bien integrados será el momento de añadir la harina extra tamizada, el anís y la sal, en dos tandas. Pasamos nuestra masa a la superficie de trabajo y amasamos durante unos 10 minutos o hasta que nos quede una masa elástica y fina. As usual, es una masa un poco pegajosa al principio..., pero se consigue! (intentad hacerlo sin enharinar la superficie de trabajo ayudándoos del amasado francés). Una vez esté lista la pasaremos a un bol ligeramente engrasado y la dejaremos reposar hasta que haya doblado su volumen, aproximadamente 1 hora y 30 minutos.
Tras este levado pasamos la masa a nuestra superficie de trabajo ligeramente enharinada y la desgasificamos un poco. Ya podemos dividir la masa en 6 porciones y dar forma de cilindro a cada una de las porciones, de aproximadamente unos 33 cm. Trenzamos los cilindros de dos en dos de manera que nos quedaran tres trenzas. Damos forma redonda a cada una de las trenzas y las ponemos una al lado de la otra (en forma de triángulo) bien juntas sobre nuestra placa del horno, que habremos forrado con un poco de papel de hornear. Pintamos las juntas de nuestras trenzas con un poco de agua para que se queden pegadas y las cubrimos con un plástico y un trapo de cocina durante unos 45 minutos más (o hasta que vuelvan a subir, sin llegar a doblar el volumen).
Precalentar el horno a 200 °C.
Cuando ya estén listas las pintaremos con la mezcla de la yema de huevo y la leche extra y ya podremos meterlas en el horno durante 10 minutos. Tras los 10 minutos bajaremos la temperatura de nuestro horno a 180° C y seguiremos horneándolas durante 30 minutos más. Sencillo, ¿verdad? Pues este es el resultado:


Ha salido el sol así que voy a ver si me da un poco de aire fresco J. Nos vemos la semana que viene!


Enviada a Yeastspotting

domingo, 26 de agosto de 2012

Babka de coco… ¿bajan las temperaturas?

Después de una semana con complejo de gamba a la plancha me había hecho realmente ilusiones… sí, me había creído al hombre del tiempo; ese que lleva días anunciando un cambio en nuestra meteorología. Ayer era día de tormentas… pero en realidad no cayó ni una gota y hoy teóricamente tenía que estar más que nublado… y los termómetros deberían de haber bajado de forma considerable, pero la verdad es que no se han cumplido ninguna de las dos previsiones. Al menos no por ahora…
Pero bueno, voy a intentar centrarme en lo bueno del fin de semana y no en el hecho de que mis piernas no pasen por las puertas como consecuencia de esta horrible humedad ambiental… ¿Y qué ha sido lo positivo? Buena pregunta! La verdad es que no hemos hecho nada del otro mundo, más que tener un poco de tiempo para nosotros mismos y eso, creedme, ya vale un tesoro.
Ayer tocaba día de compras. Sí, sí, ya sé que suena horrible y más en pleno agosto, pero teníamos que ir a comprar unas cosas para mi media naranja, sí o sí. Lo habíamos retrasado todo lo posible, ya que no es algo que nos guste a ninguno de los dos, pero ya no podíamos seguir retrasándolo… además, en breve vuelve la normalidad en todo y por tanto también las aglomeraciones en las tiendas (que tanto odiamos), así que hicimos acopio de valor y nos lanzamos a un sábado de compras. ¿Sabéis qué fue lo más increíble de todo? Pues que ¡en menos de una hora ya teníamos lo que necesitábamos! Ya sabéis que al mundo en general no suele gustarle madrugar, así que a la hora de abrir ya estábamos en la puerta, por lo que tuvimos las tiendas para nosotros solos J.
Y después de vaciar un poco nuestra cuenta corriente y tras intentar pasear un poco por una Barcelona prácticamente desértica… decidimos irnos a comer a un restaurante vegetariano del que me había hablado mi sister. Mi media naranja se atrevió con un menú degustación (¡!), lo que me dejó en estado de shock.
Debo llevar unos cuatro años aproximadamente comiendo proteína vegetal y mi alma gemela nunca se había atrevido a probar ninguna de sus posibles presentaciones… hasta ayer! Sí, sí, y se lanzó de lo lindo J! Bueno, la verdad es que probó todo lo que le trajeron: sopa de pepino, hummus de remolacha con pan de pita, ensaladas variadas con aliño suave de mermelada de fresa y de romesco, fricandó de seitán, pastel de polenta con verduras, curry suave con tofu y arroz basmati, fideos yakisoba con verduras… La verdad es que fue divertido ver la cara que puso cuando probó el seitán, je, je. Por ahora ha dicho que no le apetece mucho repetir con el fricandó, pero el tofu pareció hacerle más gracia J. En cualquier caso, me encantó el momento. Por fin sabe de qué me alimento y qué es lo que lleva años viendo en nuestra nevera o incluso cocinándome, sí, sí, porque nunca se lo había comido, pero está hecho un artista como cocinero.
Y después de nuestra anécdota culinaria nos fuimos ya para casa a preparar algo rico para el desayuno del domingo. ¿Sabéis cuál fue la elección? Un babka. Hay muchas versiones de este pastel/pan dulce. Yo me decanté por una versión relacionada con la tradición judía, pero en vez de hacer un relleno de chocolate o canela aproveché para probar una receta con una pinta deliciosa que encontré en el blog “You can do it… at home”, a sort of Coconut Babka J.
El resultado es un pan suave y esponjoso con un aroma y sabor a coco… ¡delicioso! Sin duda, una receta a tener a buen recaudo. Como Sue, yo también me decanté por preparar un loaf y unos cuantos rolls que pueden regalarse individualmente. Ah, y como casi siempre que os traigo una receta, sí, puede congelarse. De hecho, puedes hacerlo justo cuando ya tienes formado el pan y en el molde (antes de meterlo al horno) con lo que tan solo tendrás que dejar que se descongele para hornearlo, o una vez ya horneado y completamente frío. Tú decides!
Ingredientes  para la esponja (receta de You can do it… at home)
7 gr levadura seca de panadería (active dried yeast)
15 gr azúcar
375 leche caliente
300 gr harina blanca panificable
Ingredientes para la masa
2 huevos a temperatura ambiente
9 gr sal
350 gr harina blanca panificable
125 gr mantequilla sin sal
50 gr azúcar
Ingredientes para el relleno de coco
70 gr mantequilla sin sal a temperatura ambiente
55 gr coco rallado
15 gr azúcar
Para pintar la masa
1 huevo
1 cucharada de leche (tbsp)

Elaboración

Lo primero que tenemos que hacer es preparar la esponja. Mezclamos el azúcar, la levadura y la harina en un bol. Añadimos la leche caliente hasta que estén todos los ingredientes bien integrados. Cubrimos el bol con un plástico y un trapo de cocina y lo dejamos descansar unos 30 minutos. Pasado este tiempo la masa habrá aumentado de volumen y estará llena de burbujas.

Ya podemos añadirle los huevos, la sal, el azúcar y la mitad de la harina a la esponja. Mezclamos hasta que estén todos los ingredientes bien integrados y añadimos la mantequilla en dos veces. Una vez estemos en este punto ya le podemos poner el resto de la harina. Amasamos bien (al principio es un poco pegajosa, pero no hace falta añadirle más harina, tan solo necesitarás un poco de paciencia) y una vez tengamos nuestra masa preparada ya podemos ponerla en un bol (que habremos untado con un poco de aceite), cubrirla con un plástico y un trapo y dejarla reposar durante aproximadamente 1h 30’,  o hasta que doble su volumen.

Aprovecha este rato para preparar el relleno. Tan solo deberás mezclar los ingredientes y reservar.

Una vez la masa ya haya doblado su volumen puedes decidir si quieres hornearla hoy o si por el contrario prefieres hornearla al día siguiente a primera hora. Ves pensándotelo J.

Pasa la masa a tu superficie de trabajo ligeramente enharinada (solo ligeramente) y desgasifícala. Divide la masa en dos. Con una de las partes prepararemos el loaf y con la otra los coconut rolls.

Coge la primera mitad y extiéndela con la ayuda de un rodillo dándole forma rectangular de unos 25x35 cm y con 1cm (aprox.) de grosor. Pon por encima la mitad del relleno que ya tendrás preparado, sin llegar al borde de la masa (deja 1 cm aprox). Una vez extendido tan solo quedará enrollar la masa dándole forma de cilindro. Cuando ya la tengas enrollada corta el cilindro por la mitad con un cuchillo bien afilado (dejándolo unido por arriba) y pon los cortes hacia arriba. Ya solo nos quedará enrollar ambas piezas juntas como si fuera una trenza. Una vez hecho ya podemos pasar con mucho cuidado nuestra masa a un molde de pan que habremos untado con un poco de aceite/mantequilla previamente, cubrirla con un plástico y un trapo y dejarla reposar unos 45-60 minutos más a temperatura ambiente (si quieres hornearla hoy mismo) o toda la noche en la nevera, si prefieres hornearla tan pronto abras el ojo. En este tiempo nuestra masa casi habrá vuelto a doblar su volumen.

Con la otra mitad de la masa podéis preparar unos rolls. El proceso será el mismo hasta que tengamos formado el cilindro. En ese punto cortaremos la masa en piezas de unos 2-3 cm de grosor y las pondremos en las cavidades de un molde para muffins debidamente engrasado previamente. Lo cubrimos con un plástico y un trapo y dejamos que vuelva casi a doblar su volumen (45-60 min a temperatura ambiente o toda la noche en la nevera).

Un rato antes de que la masa ya esté lista podemos ir precalentando el horno a 175°C.

Antes de introducir nuestra masa en el horno (loaf/rolls) la pintaremos con el huevo mezclado con la cucharada de leche. Ahora ya está preparada para hornearla durante unos 35-40 minutos el loaf y unos 25-30 los rolls. ¡Os quedará de un color dorado la mar de bonito y os dejará un aroma a coco en la cocina… tremendo! Aquí os dejo el resultado:







Et c’est tout! Espero que os animéis y que me contéis qué tal os queda J!

Enviada a YeastSpotting

domingo, 19 de agosto de 2012

Kaisersemmel… y seguimos con la ola de calor!

Pero y ¿qué esperábamos…? estamos en agosto! Y sí, ya sé que lo que voy a decir no es políticamente correcto y que la gran mayoría de la gente no estará de acuerdo conmigo, pero no me gusta el calor… lo siento. Sin lugar a dudas prefiero una y mil veces el otoño y si me apuras, incluso el invierno… pero tan solo puedo resignarme (yo y las butifarras que tengo por tobillos), así que en eso estoy.
Una de las consecuencias directas de que me esté asando como si de un pollo a la parrilla se tratase es el hecho que no hacemos escapadas para caminar a la montaña. Una cosa es madrugar y otra es salir ya de madrugada… y contando que a las 10h ya empieza a caer un sol de justicia… a ¿qué hora se supone que tendría que empezar a andar? Digamos que a una que ya no sería ni intempestiva, sino directamente una locura, así que necesitábamos un Plan B para este finde. Tanto mi media naranja como mi cámaraenmano sister se morían de ganas de visitar la Colonia Güell (la verdad es que vivimos a tan solo 15 minutos en coche y nunca nos habíamos acercado!) y por si eso no fuera ya motivo suficiente como para lanzarse a ello, se sumó el hecho de que desde principios de junio los sábados por la mañana ponen un Mercado de Payés (http://www.gastroteca.cat/ca/fitxa-agenda/mercat-de-pages-a-la-colonia-guell/). La idea nos encantó a los tres, así que cogimos las cámaras de fotos, los objetivos y la cesta de la compra y para allí que nos fuimos.
El viernes empecé a imaginarme las mil recetas diferentes que podría preparar con las frutas tan impresionantes que me iba a encontrar. Y qué decir de las mil otras cosas que quería comprar. Tenía la nevera en dique seco desde hacía una semana solo pensando en lo rico que iba a estar todo… pero sí, como ya os estáis imaginando… mi gozo en un pozo. La verdad es que había poquitas paradas y de fruta prácticamente nada de nada de nada… buaaaaaaaaaaaa! Supongo que encontrarnos en pleno agosto ha mermado un poco la participación de los agricultores, así que tendremos que esperar a septiembre para volver y finalmente hacernos una idea real del Mercado de Payés de la Colonia Güell (ya os informaré del resultado J). De todos modos, lo que sí pudimos hacer fue visitar la Iglesia y las calles de la Colonia y aunque la luz era más dura de lo que nos hubiese gustado… tanto mi sister como mi media costilla hicieron unas fotos la mar de bonitas. Aquí os dejo algunas para que os hagáis una idea:


Como también os podéis ya imaginar, finalmente no he podido traeros una apetitosa receta con fruta fresca de temporada (ya que no logré comprar nada), pero que no cunda el pánico porque siempre podemos hacer pan J!!
Ya empezaba a escasearme el pan de cereales que suelo preparar semanalmente, así que tenía que aprovisionarme y nada mejor que unos panecillos riquísimos, y aún más fáciles de hacer si cabe, como son los Kaisersemmel o Kaiser Rolls. Casan fantásticamente bien con dulce o salado, para desayunar, merendar o simplemente para acompañar nuestras comidas y lo mejor de todo es que se preparan muy rápido y, of course, se pueden congelar. Además, como no necesitan prefermento, puedes iluminarte tan tarde como quieras que siempre estás a tiempo de ponerte manos a la obra.
Como veréis se trata de una masa sin demasiada hidratación por lo que no os dará problemas a la hora de amasarla. Aquí os dejo la receta.
Ingredientes (receta de Weekend Bakery)
500 gr harina panificable
8 gr sal
7 gr levadura seca (instant active yeast)
160 gr de agua
150 gr de leche semidesnatada
1 cucharadita (tsp) de café de miel
Elaboración
Mezcla en un bol grande la harina y la sal. A continuación añade la levadura, el agua, la leche y la miel. Tan pronto como tengas los ingredientes integrados ya puedes pasar la masa a tu zona de trabajo para empezar a amasarla. Te llevará unos 12-15 minutos tener la masa lista. Una vez el amasado ya esté acabado es hora de pasar la masa a un bol ligeramente untado de aceite donde la dejaremos reposar durante un par de horas tapada con un plástico y con un trapo.
Pasado ese tiempo (la masa habrá doblado su volumen) ya podemos volcarla ayudándonos de una rasqueta sobre la superficie de trabajo esta vez ligeramente enharinada. Ahora toca dividir la masa en pequeñas porciones. En mi caso las hice de unos 70 gr aproximadamente cada una. Dales forma de bola y déjalas descansar tapadas con un plástico durante unos 10 minutos (para que se relajen un poco).
Mientras se relajan es momento de ir precalentando el horno a 220°C.
Si tienes un Kaiser Roll Stamp es hora de usarlo sobre cada una de las bolitas que has formado (http://www.youtube.com/watch?v=bNY7ESjCQFo), si como es mi caso, no lo tienes siempre puedes darles forma siguiendo el método tradicional J; es decir, coges una de las bolitas y la aplanas un poco. Le das forma de cilindro presionando ligeramente mientras lo vas formando de cara a darle más fuerza a la masa. Una vez tienes el cilindro tan solo quedará formar un nudo y ya tendrás tu Kaiser Roll formado. Sí, lo sé, suena un poco abstracto… así que mejor te dejo un link que tal vez pueda ayudarte más: http://www.youtube.com/watch?v=tU9I1nYS60E&feature=related.
Una vez tengas formados los panecillos cúbrelos con un plástico y un paño y déjalos reposar durante una hora aproximadamente (50-60 minutos).
Pasado ese tiempo y con el horno caliente ya solo nos queda decidir si queremos decorarlos con algunas semillas o si queremos dejarlos blanquitos… esta vez me he decantado por mojarlos con un poquito de agua y por ponerles unas semillas de amapola, lino y sésamo para que tuvieran un punto de color.
Ya solo nos queda meterlos en el horno y hornearlos con vapor durante unos 20 minutos. Cuando ya estén en su punto será el momento de dejarlos enfriar encima de una rejilla para poder disfrutarlos en un ratín J. Y este es el resultado:



Et c’est tout! Son muy, pero que muy fáciles, así que no tenéis excusa para no animaros. Ya me diréis qué tal os quedan.
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