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domingo, 10 de febrero de 2013

Hamburger Buns

Sí, piqué bien el anzuelo. 

El viernes vimos la previsión del tiempo y, si bien es cierto que dijeron que bajarían un poco las temperaturas, también dijeron que saldría el sol… así que lo tuvimos claro: primera escapadita con las motos!! Quedamos con unos amigos en que los iríamos a visitar para hacer un buen desayuno y charlar largo y tendido. Viven en una casa estupenda fuera de Barcelona… no muy lejos, a unos 50 minutos en coche/moto, así que creímos que sería una buena manera de hacer un recorrido un poco más largo con las nuevas niñas mimadas de la casa…  Y sí, el sol salió, pero ¡qué frío! Así que, aviso a navegantes, dejad las escapaditas para más adelante porque ni yendo totalmente equipados te libras de acabar tiritando J! Bueno, también está la opción de ir haciendo tiradas cortas e ir parando para tomarte algo calentito cada 50 km… eso sí, tal vez tardes una vida en llegar a cualquier sitio J!
En cualquier caso, logramos llegar y disfrutar de una mañana estupenda con paseo por el campo incluido, por lo que, aun teniendo en cuenta el frío, valió la pena.
Esta mañana me he levantado con unas ganas bárbaras de preparar un poquito de pan (así como con unas agujetas tremendas en la espalda… es lo que tiene ser novata con la moto), por lo que me he puesto a repasar mis recetas infalibles. Me he decantado por unos fantásticos panecillos para hamburguesa. Mi sister venía a visitarnos y me quedaba una hamburguesa de espinacas con algas en la nevera que pedía a gritos ser devorada así que... manos a la obra! Aquí os dejo la receta:

Hamburger Buns  (receta del libro Pan de Linda Collister) 


Ingredientes (para unos 8 panecillos aprox.)
325 gr harina de fuerza
½ cucharada (tbsp) de sal marina
1 cucharada (tbsp) azúcar blanquilla
25 gr mantequilla, a dados
7,5 gr levadura fresca
200 gr leche (semidesnatada en mi caso) tibia
1 huevo (M), batido (en mi caso, le puse un L)
Semillas de sésamo para decorar
Para glasear
3 cucharadas de leche
Una pizca de sal
Elaboración
En un bol grande mezclamos la harina, la sal y el azúcar. Añadimos la mantequilla cortada en dados y frotamos con las yemas de los dedos hasta que nos quede la mezcla como unas migas. Haremos un hueco en el centro.
En un bol pequeño desmenuzaremos la levadura fresca y la mezclaremos con un cuarto de la leche tibia hasta que nos quede un líquido homogéneo. Vertemos la mezcla en el hueco de la harina y añadimos el resto de la leche y el huevo. Nos quedará una masa pegajosa. Linda Collister dice que vayamos añadiendo harina (de cucharada en cucharada) hasta que no esté pegajosa… mi recomendación es no añadir harina. Sí, al principio la masa estará… bastante pegajosa, pero con el amasado francés, en unos 10 minutos (amasado a mano), tendrá una textura fantástica, elástica, sedosa y homogénea, sin haber tenido la necesidad de ponerle ni un gramo más de harina. Lo dejo a vuestra elección.
En cualquier caso, cuando la masa esté lista es el momento de engrasar ligeramente un bol grande y dejarla fermentar tapada con un plástico y un trapo en un lugar cálido hasta que haya doblado su volumen, 1h aproximadamente (a mí hoy me ha costado 1h 30’).
Cuando ya haya doblado su volumen la volcaremos sobre nuestra superficie de trabajo muy ligeramente enharinada y la dividiremos en tantas porciones como panecillos queramos. A mí me han salido 8 panecillos de unos 85-90 gr aproximadamente. Les daremos forma redonda bien fuerte, dejándolos muy lisos. Los iremos colocando bien separados en la placa de hornear, que habremos forrado con un poco de papel de horno. Las aplanamos ligeramente y envolvemos la placa con una bolsa grande de plástico. La inflamos, la cerramos, la cubrimos con un trapo y dejamos levar nuevamente unos 45 minutos – 1 hora, hasta que los panecillos casi hayan vuelto a doblar su volumen.
Aprovecharemos  este tiempo para precalentar nuestro horno a 230°C.
Cuando ya estén en su punto los pincelaremos ligeramente con la leche mezclada con el punto de sal y los espolvorearemos con las semillas de sésamo.
Ya es el momento de meternos en el horno durante 5’. Pasados estos primeros 5’ bajaremos la temperatura del horno a 200°C y los seguiremos horneando otros 5-10’ (en mi caso 7’), hasta que estén firmes y doraditos.
Ya solo nos queda sacarlos del horno y dejarlos enfriar sobre una rejilla. Para mantener las cortezas blanditas los dejaremos enfriar tapados con un paño seco. Este es el resultado:




Et c’est tout! Están riquísimos y puedes hacerlos el mismo día que quieras servirlos. Ah, y también puedes congelarlos para tenerlos siempre listos si surge la necesidad J. ¿Os animáis?
Enviada a YeastSpotting

domingo, 20 de enero de 2013

Bake the World: Lavash Crackers


¡Y sigue lloviendo! 

Cuando ayer abrió el ojo amenazaba, pero a media mañana ya se lanzó el temporal y ahí que sigue… y mi nevera vacía, porque como ya os podéis imaginar, con este tiempo quién podía tener ganas ayer de salir a comprar!
Por otro lado, lo muy positivo de estos días grises, lluviosos y fríos es que se está de muerte en casa, bien tapadita con una manta y con un tazón de té bien caliente alegrándote el alma, y si eso lo aderezamos con una buena compañía… un día perfecto!
Siento haber tardado tanto en volver a dar señales de vida, pero han sido unas semanas un poco… atareadas, por decirlo finamente. Lo positivo, en cualquier caso, es que ya me he quitado de encima uno de los parciales del curso de nutrición, me ha dado tiempo de entregar un par de trabajos y sí, además, finalmente justo después de Reyes, me saqué el carnet de moto! Y claro, una vez aprobado el examen solo había una cosa más que hacer J! Así que sí, ya somos un miembro más en la familia. No os voy a aburrir con modelos ni marcas, don´t panic, tan solo os diré que mi nueva compañera es realmente gloriosa J!
Pero volvamos a la cocina. Nuevamente creía que no me iba a dar tiempo a llegar al reto de este mes de Bake the World, pero, por suerte, al final me he animado a encender el horno y he logrado hacer mi entrega on time. Este mes el reto ha sido un pan realmente versátil e interesante como aperitivo. Se trata de una receta muy fácil de preparar y que da como resultado un pan crujiente, ideal para acompañar unos tacos de queso, unas aceitunas y una copa de vino. El lavash es un pan armenio que también encontramos en Irán y en prácticamente todo el Oriente Próximo, con algunas variaciones. También se parece mucho a otros panes del norte de África. Es similar a los manloush o manaeesh (Líbano), barbari (Irán), aiysh (Egipto), kesret o mella (Túnez)… Según nos cuenta Richard Reinhart en su fantástico libro El aprendiz de panadero, la principal diferencia entre todos ellos es el grosor de la masa y el tipo de horno en el que se cuecen. En el caso del lavash  el secreto para que quede bien crujiente es conseguir dejarlo tan fino como una hoja de papel. Luego, si queremos que los trozos nos queden más o menos uniformes, tan solo tendremos que cortar la masa antes de hornearla, pero también nos pueden quedar trozos irregulares muy vistosos partiendo el pan una vez horneado. Es cuestión de gustos! Si, en cambio, preferimos utilizar el lavash en versión bocadillo, enrollándolo, tan solo hemos de dejar la masa más gruesa y menos hecha, sin cortarla, de manera que mantenga su consistencia, pero sin llegar a romperse. Cuando vayamos a enrollar el lavash tan solo tendremos que humedecerlo un poco con agua y se ablandará en 3-5 minutos volviéndose una masa maleable. Aquí os dejo la receta:
Lavash crackers


Ingredientes (para una hoja del tamaño de una bandeja. Receta del libro El aprendiz de panadero)
190 gr harina panificable
4 gr sal marina
1,5 gr levadura seca instantánea (active dried yeast)
22 gr miel suave
14 gr aceite de oliva virgen extra
90-120 gr agua, a temperatura ambiente  (en mi caso 110 gr)
Para decorar
Semillas de lino, de amapola, de sésamo, pimentón picante, sal gordita, granos de anís.
Elaboración:
En un bol mezclamos la harina, la sal, la levadura, la miel, el aceite y el agua que haga falta para ligar todos los ingredientes, en mi caso unos 110 gr (aprox.). Cuando todos los ingredientes estén bien integrados ya podemos pasar nuestra masa a la superficie de trabajo sin enharinar. La trabajamos unos 10 minutos hasta que nos quede una masa fina, lisa y elástica, nada pegajosa. En este punto le daremos forma de bola y la dejaremos fermentar en un bol ligeramente engrasado, tapada con un plástico y un trapo durante unos 90 minutos, o hasta que doble su volumen.
Cuando la masa ya esté lista tan solo nos queda pasarla a nuestra superficie de trabajo, que habremos pulverizado ligeramente con aceite. La presionamos con los dedos para darle forma cuadrada y la espolvoreamos ligeramente con harina. Con la ayuda de nuestro rodillo la vamos estirando hasta hacerla bien fina. Cuando ya la tengamos del grosor adecuado la tapamos con un trapo y la dejamos reposar unos cinco minutos.
Aprovechamos para ir precalentando el horno a 175°C.
Cogemos una bandeja de horno y la forramos con papel de hornear. Con mucho cuidado pasamos nuestra masa a la bandeja, cortando lo que sobre, y la pulverizamos con un poco de agua. Ya podemos decorarla como más nos guste. En mi caso le puse semillas de lino, de sésamo, de amapola, anís en grano y pimentón picante. Por encima le puse una pizca de sal gorda y al horno! Puedes cortar la masa antes de meterla en el  horno, si quieres tener trozos uniformes, o directamente romper la masa una vez ya esté horneada, a tu elección.
Una vez en el horno tan solo deberás esperar unos 15 minutos aproximadamente. Si tu masa es muy fina la tendrás lista un pelín antes. Cuando esté cocida ya podemos retirarla del horno y dejarla enfriar. Una vez fría, y si no la habías cortado antes, es el momento de romperla en trozos y de ponerla en la mesa. Ya verás cómo desaparece! Aquí os dejo el resultado:




Et c’est tout! Ya veréis cómo os encanta!
Enviada a YeastSpotting

domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Encendemos el horno? Pan Grant

¡Pero qué frío que hace! Es como si alguien se hubiese dejado la puerta abierta y corriese una gélida corriente de aire… Bueno, la verdad es que, aunque parezca mentira, sigo prefiriendo este tiempo de locos al terrorífico calor estival, así que no voy a quejarme demasiado J! Además, así tenemos la excusa perfecta para tomarnos estos megatazones de té o para encender nuestro horno… En cualquier caso, aun con frío, han sido unos días de puente realmente agradables. El sol nos ha acompañado sin descanso para alegrarnos los paseos, las compras (para quien se haya animado…), o incluso los parones en algún banquito… pero hoy toca volver a la normalidad, así que ya nos tenéis plantados en el estudio con nuestros sendos portátiles para empezar con la rutinita dominical: a estudiar!
Pero claro, antes de eso os quería traer el protagonista de nuestros desayunos durante estos últimos días: pan Grant ¿lo conocéis? El pan es algo que habitualmente comemos cada día (o al menos, así debería ser)  por lo que, si bien es cierto que un pan de esos de largo levado nos aportará muchísimo sabor y nos hará el día mucho más agradable, también es cierto que hay panes mucho más sencillos y rápidos que también pueden arrancarnos una sonrisa, a nosotros y a nuestros estómagos, y este es un claro ejemplo.
El pan Grant es un pan de principios del siglo XX inventado por Doris Grant (parece ser que de forma accidental) y que no necesita amasado ni largos tiempos de levado, con lo que se convierte en un pan excepcional para ir preparando durante la semana. Tiene una textura realmente fina y agradable y una forma perfecta para utilizarlo en sándwiches o como tostadas. En la receta original la Sra. Grant utilizaba harina integral ecológica molida a la piedra, que aunque suena muy fashion y, en consecuencia, poco accesible, la verdad es que la encontraréis en prácticamente todas las herboristerías que tengáis cerca; sin embargo, en mi caso he preferido seguir la receta de Linda Collister en su libro Pan, en la que se decanta por la harina de espelta. De este modo me aseguraba un estupendo pan suave y esponjoso al mismo tiempo que mi sister podía probar por primera vez el fantástico sabor a nueces de la harina de espelta. Como la gran mayoría ya sabréis, la espelta es una variedad de trigo que se cultiva desde tiempos inmemoriales. Podéis usar su harina del mismo modo que utilizaríais la harina de trigo normal, es decir, para galletas, panes, bizcochos... Respecto al trigo común, la espelta posee un mayor nivel de proteínas, minerales, vitaminas y oligoelementos, por lo que resulta realmente interesante a nivel nutricional. Asimismo, es una buena fuente de magnesio, hierro, fósforo, vitamina E, vitamina B y betacarotenos. En definitiva, es realmente un ingrediente muy completo para nuestra dieta. Ah, y por si no fuera ya suficiente todo esto, también nos aporta mucha fibra y ácido silícico (fundamental para nuestro organismo). Asimismo, por regla general, resulta más digestiva y produce menos alergias que el trigo, aunque eso no quita que sigue conteniendo gluten y que, por tanto, no es apta para celíacos.
En cualquier caso, ¿os animáis a integrarla en vuestro día a día? Aquí os dejo la receta:
Pan Grant

Ingredientes (para un molde de pan de 450 gr. Receta del libro Pan de Linda Collister)
350 gr harina de espelta integral ecológica molida a la piedra (o harina integral molida a la piedra)
½ cucharadita (tsp) sal marina
7,5 gr levadura fresca
½ cucharadita (tsp) colmada de miel
300 gr agua tibia
Semillas de sésamo para espolvorear
Elaboración
Por un lado cogemos un bol pequeño y desmenuzamos la levadura fresca en él. Añadimos la miel y aproximadamente una cuarta parte del agua tibia. Lo mezclamos bien hasta que nos quede un líquido homogéneo. En este punto dejamos reposar la mezcla hasta que burbujee (unos 10-15 minutos aproximadamente, dependiendo de la temperatura de vuestra cocina).
Mientras nuestra levadura ya está en marcha, aprovechamos para coger un bol grande y mezclar en él la harina con la sal. Si hace mucho frío podéis calentar la harina durante unos minutos en vuestro horno o incluso en el microondas (a potencia máxima unos 15 segundos). De este modo, la temperatura nos ayudará a que luego nuestra levadura suba mejor y produzca una miga mucho más ligera.
Cuando la mezcla de la levadura ya esté muy activa y burbujeante será el momento de añadirla a nuestra mezcla de harina y sal, junto con el resto de agua tibia que teníamos reservada. Removemos con garbo durante 1-2 minutos con la mano trabajando de los lados hacia dentro hasta que nuestra masa se vaya separando limpiamente de las paredes del bol. Seguirá siendo una masa húmeda, pero fácil de manejar. Ahora ya solo nos queda engrasar ligeramente nuestro molde de pan, volcar en él nuestra masa y nivelar la superficie con una espátula (también engrasada). Cubrimos el molde con un paño húmedo y lo metemos en una bolsa de plástico. Dejaremos levar nuestra masa de 30 minutos a 1 hora (dependiendo de la temperatura de nuestra cocina), o hasta que llegue a 1 cm del borde del molde.
Mientras va subiendo ya podemos ir precalentando nuestro horno a 200 °C.
Cuando ya haya subido lo suficiente ya solo nos quedará espolvorearla con unas semillas de sésamo e introducirla en el horno durante unos 30-40 minutos (en mi caso fueron 35).
Pasado el tiempo de horneado retiramos nuestro pan del horno y lo sacamos del molde con mucho cuidado para no quemarnos. Le damos la vuelta y comprobamos que realmente suene a hueco (que es la pista para saber que está correctamente cocido por dentro). Si por el contrario sonase sordo y pesado lo volveríamos a introducir en el horno unos 5 minutos más. Si ya está listo tan solo tendremos que dejarlo enfriar completamente encima de una rejilla antes de poder hincarle el diente J. Aquí tenéis el resultado:





Se mantendrá blandito durante aproximadamente unos cuatro días (si os dura tanto J!), pero también podéis cortarlo y meterlo en el congelador de manera que siempre os quedará perfecto con un toque de tostador. Eso a vuestra elección!
Et c’est tout! ¿Os animáis a intentarlo?

Enviada a YeastSpotting

domingo, 19 de agosto de 2012

Kaisersemmel… y seguimos con la ola de calor!

Pero y ¿qué esperábamos…? estamos en agosto! Y sí, ya sé que lo que voy a decir no es políticamente correcto y que la gran mayoría de la gente no estará de acuerdo conmigo, pero no me gusta el calor… lo siento. Sin lugar a dudas prefiero una y mil veces el otoño y si me apuras, incluso el invierno… pero tan solo puedo resignarme (yo y las butifarras que tengo por tobillos), así que en eso estoy.
Una de las consecuencias directas de que me esté asando como si de un pollo a la parrilla se tratase es el hecho que no hacemos escapadas para caminar a la montaña. Una cosa es madrugar y otra es salir ya de madrugada… y contando que a las 10h ya empieza a caer un sol de justicia… a ¿qué hora se supone que tendría que empezar a andar? Digamos que a una que ya no sería ni intempestiva, sino directamente una locura, así que necesitábamos un Plan B para este finde. Tanto mi media naranja como mi cámaraenmano sister se morían de ganas de visitar la Colonia Güell (la verdad es que vivimos a tan solo 15 minutos en coche y nunca nos habíamos acercado!) y por si eso no fuera ya motivo suficiente como para lanzarse a ello, se sumó el hecho de que desde principios de junio los sábados por la mañana ponen un Mercado de Payés (http://www.gastroteca.cat/ca/fitxa-agenda/mercat-de-pages-a-la-colonia-guell/). La idea nos encantó a los tres, así que cogimos las cámaras de fotos, los objetivos y la cesta de la compra y para allí que nos fuimos.
El viernes empecé a imaginarme las mil recetas diferentes que podría preparar con las frutas tan impresionantes que me iba a encontrar. Y qué decir de las mil otras cosas que quería comprar. Tenía la nevera en dique seco desde hacía una semana solo pensando en lo rico que iba a estar todo… pero sí, como ya os estáis imaginando… mi gozo en un pozo. La verdad es que había poquitas paradas y de fruta prácticamente nada de nada de nada… buaaaaaaaaaaaa! Supongo que encontrarnos en pleno agosto ha mermado un poco la participación de los agricultores, así que tendremos que esperar a septiembre para volver y finalmente hacernos una idea real del Mercado de Payés de la Colonia Güell (ya os informaré del resultado J). De todos modos, lo que sí pudimos hacer fue visitar la Iglesia y las calles de la Colonia y aunque la luz era más dura de lo que nos hubiese gustado… tanto mi sister como mi media costilla hicieron unas fotos la mar de bonitas. Aquí os dejo algunas para que os hagáis una idea:


Como también os podéis ya imaginar, finalmente no he podido traeros una apetitosa receta con fruta fresca de temporada (ya que no logré comprar nada), pero que no cunda el pánico porque siempre podemos hacer pan J!!
Ya empezaba a escasearme el pan de cereales que suelo preparar semanalmente, así que tenía que aprovisionarme y nada mejor que unos panecillos riquísimos, y aún más fáciles de hacer si cabe, como son los Kaisersemmel o Kaiser Rolls. Casan fantásticamente bien con dulce o salado, para desayunar, merendar o simplemente para acompañar nuestras comidas y lo mejor de todo es que se preparan muy rápido y, of course, se pueden congelar. Además, como no necesitan prefermento, puedes iluminarte tan tarde como quieras que siempre estás a tiempo de ponerte manos a la obra.
Como veréis se trata de una masa sin demasiada hidratación por lo que no os dará problemas a la hora de amasarla. Aquí os dejo la receta.
Ingredientes (receta de Weekend Bakery)
500 gr harina panificable
8 gr sal
7 gr levadura seca (instant active yeast)
160 gr de agua
150 gr de leche semidesnatada
1 cucharadita (tsp) de café de miel
Elaboración
Mezcla en un bol grande la harina y la sal. A continuación añade la levadura, el agua, la leche y la miel. Tan pronto como tengas los ingredientes integrados ya puedes pasar la masa a tu zona de trabajo para empezar a amasarla. Te llevará unos 12-15 minutos tener la masa lista. Una vez el amasado ya esté acabado es hora de pasar la masa a un bol ligeramente untado de aceite donde la dejaremos reposar durante un par de horas tapada con un plástico y con un trapo.
Pasado ese tiempo (la masa habrá doblado su volumen) ya podemos volcarla ayudándonos de una rasqueta sobre la superficie de trabajo esta vez ligeramente enharinada. Ahora toca dividir la masa en pequeñas porciones. En mi caso las hice de unos 70 gr aproximadamente cada una. Dales forma de bola y déjalas descansar tapadas con un plástico durante unos 10 minutos (para que se relajen un poco).
Mientras se relajan es momento de ir precalentando el horno a 220°C.
Si tienes un Kaiser Roll Stamp es hora de usarlo sobre cada una de las bolitas que has formado (http://www.youtube.com/watch?v=bNY7ESjCQFo), si como es mi caso, no lo tienes siempre puedes darles forma siguiendo el método tradicional J; es decir, coges una de las bolitas y la aplanas un poco. Le das forma de cilindro presionando ligeramente mientras lo vas formando de cara a darle más fuerza a la masa. Una vez tienes el cilindro tan solo quedará formar un nudo y ya tendrás tu Kaiser Roll formado. Sí, lo sé, suena un poco abstracto… así que mejor te dejo un link que tal vez pueda ayudarte más: http://www.youtube.com/watch?v=tU9I1nYS60E&feature=related.
Una vez tengas formados los panecillos cúbrelos con un plástico y un paño y déjalos reposar durante una hora aproximadamente (50-60 minutos).
Pasado ese tiempo y con el horno caliente ya solo nos queda decidir si queremos decorarlos con algunas semillas o si queremos dejarlos blanquitos… esta vez me he decantado por mojarlos con un poquito de agua y por ponerles unas semillas de amapola, lino y sésamo para que tuvieran un punto de color.
Ya solo nos queda meterlos en el horno y hornearlos con vapor durante unos 20 minutos. Cuando ya estén en su punto será el momento de dejarlos enfriar encima de una rejilla para poder disfrutarlos en un ratín J. Y este es el resultado:



Et c’est tout! Son muy, pero que muy fáciles, así que no tenéis excusa para no animaros. Ya me diréis qué tal os quedan.
Enviada a YeastSpotting

domingo, 13 de mayo de 2012

Pan de cereales y semillas

Ha sido una semana difícil, por decirlo finamente, y los días que se avecinan no parece que vayan a ser mucho mejores… pero, por suerte, en menos de un mes todo habrá pasado y no será más que un recuerdo borroso de principios del verano del 2012… 
En cualquier caso, siempre hay cosas que pueden ayudarnos a recordar que el cielo está en la tierra y que podemos saborearlo. No hay nada mejor que una mañana clara de domingo en la que poder disfrutar de una buena taza de té mientras leemos el periódico. Y ya es del todo completa si por la noche nos hemos acordado de alimentar nuestra masa madre natural o de preparar un poco de poolish para poder hornear el pan de la semana.
Hoy os traigo un pan suave de sabor, excepcionalmente tierno y cálido. Ideal para el desayuno o la merienda. Con un poco de queso fresco o de mermelada o sencillamente con un poco de aceite de oliva virgen extra y un punto de sal, verás cómo desaparece en un momento. La parte positiva es que si vives sola o preparas más de uno también puedes congelarlo e irlo sacando del congelador conforme lo vas necesitando. Tú decides. Lo que es seguro es que si lo pruebas un día, ¡repetirás! Lo aprendí el año pasado en un curso de pan que hice con Idris de Pan Baraka (http://panbaraka.blogspot.com.es/). Sus clases son geniales y él tiene una paciencia espectacular para explicarte una y mil veces los entresijos del proceso de fermentación o del formado del pan. ¡Os lo recomiendo!
Pan de cereales y semillas (dos panes de unos 500 gr.)
Poolish

100 ml de agua a temperatura ambiente
100 gr de harina de trigo de media fuerza
Una punta de chuchillo de levadura fresca

Ingredientes

300 gr de harina de trigo de media fuerza
100 gr de harina de espelta integral fina (si no tenéis la podéis sustituir por harina integral fina normal)
50 gr de harina de centeno integral fina
25 gr de copos de avena, medio molidos con un molinillo de café
25 gr de copos de cebada, medio molidos con un molinillo de café
350 ml de agua a temperatura ambiente
200 gr de Levado natural líquido ya alimentado o de poolish
40 gr de pipas de girasol tostadas
20 gr de sésamo tostado
20 gr de semillas de lino
10 gr de sal marina
7 gr de miel o melaza de caña
5 gr de levadura fresca
2-3 gr de café de cereales (“EKO” o similar)

Para decorar

Agua
Copos de avena
Elaboración 
Para preparar el poolish tan solo deberemos mezclar en un recipiente la harina con el agua y la puntita de levadura fresca, que habremos disuelto previamente en parte del agua total. Remover bien para que no quede ningún grumo y dejarlo reposar tapado durante unas 12-16 horas (hasta que haya triplicado su volumen). Es importante que no lo dejemos más tiempo del necesario ya que el poolish se empezará a colapsar y a perder su punto óptimo. Yo suelo prepararlo la noche anterior y lo dejo a temperatura ambiente dentro de un recipiente de cristal con tapa de manera que puedo ir viendo como sube y sube… J Hasta que llega el momento de poder utilizarlo. También puedes dejarlo reposar en la nevera, pero entonces deberás tener en cuenta que el proceso será más lento y, por tanto, requerirá más horas.
Una vez tenemos todos los ingredientes pesados y a temperatura ambiente cogemos un bol grande y añadimos todos los ingredientes excepto la levadura fresca. Una vez los tenemos ligados pasamos la masa a la encimera y empezamos a amasar. Veréis que se trata de una masa bastante húmeda, así que la tendremos que amasar de forma intensa durante unos 10 minutos hasta que empiece a tomar consistencia. En cualquier caso, no añadáis más harina, solo necesitaréis un poco de práctica y dejará de resistirse J . Llegado este punto le añadiremos la levadura fresca y seguiremos trabajando hasta que nos quede una masa elástica, aunque debemos tener en cuenta que nunca nos quedará una masa fina como la que tenemos con una masa blanca, sino que esta será más áspera.
Cuando la masa ya está lista la volveremos a introducir en el bol, ligeramente untado de aceite y la dejaremos reposar en bloque tapada con un plástico y un trapo unas dos horas, hasta que doble su volumen (tras la primera hora haremos un pliegue a la masa para darle un poco más de fuerza).
Una vez ya haya doblado su volumen dividiremos la masa en dos piezas de igual peso, las trabajaremos dulcemente unos segundos y las dejaremos reposar unos 15 minutos más (con los pliegues boca abajo) tapadas con el plástico y un trapo encima de la encimera.

Una vez pasado el reposo, formaremos los panes: con la encimera ligeramente enharinada pondremos la primera pieza de masa del revés, la aplanaremos un poco y plegaremos hacia dentro (nos quedará un rectángulo). Una vez hecho esto plegaremos nuevamente la masa sobre ella misma de arriba abajo apretando suavemente con las manos y estirándola hasta lograr formar un cilindro de la longitud aproximada del molde que vayamos a utilizar. Introducimos la masa en el molde, que ya habremos pintado con aceite (con el pliegue boca abajo), humedecemos la parte superior con agua y rebozamos con copos de avena. Hacemos lo mismo con la otra pieza de masa en otro molde. También podemos hacer una hogaza de pan redondo o incluso, si tenemos un molde grande (1,5kg), hacer solo una pieza.


Ya formados y dentro de sus respectivos moldes volveremos a taparlos con un plástico y con un trapo y los dejaremos fermentar entre 1h 30’-2h.
Antes de que los panes ya estén a punto para hornear calentaremos el horno a 250° C. Una vez esté caliente y los panes listos, introduciremos los moldes en la rejilla del horno a media-baja altura y los coceremos a 250 °C unos 10 minutos y a 200°C unos 45 minutos más (con vapor). Los coceremos hasta que veamos un color tostado intenso. Cuando ya tenga el color adecuado y, por tanto, ya estén hechos, los dejaremos enfriar encima de una rejilla sacándolos previamente de los moldes. Este es el resultado:



Es un pan extremadamente sencillo de hacer incluso para un principiante. Lo único que os puede dar algún problema es el amasado en sí, al ser una masa bastante enganchosa al principio, pero con un poco de paciencia seguro que os saldrá estupendo. Para aprender a trabajar masas con un alto nivel de hidratación podéis consultar los libros de Richard Bertinet o buscar sus vídeos en Internet o en su propia página web (http://www.thebertinetkitchen.com/, http://www.youtube.com/watch?v=nmRt5O4rd8o). También os puede ayudar con el amasado el vídeo de  La cocina de  Babette http://www.youtube.com/watch?v=apR9Id7gjG8&feature=related.

Et c’est tout! ¡Espero que os animéis!

martes, 1 de mayo de 2012

Pan Challah, porque ¿quién dijo que hoy no se trabaja?

Todavía no habéis empezado a sufrirlo, pero todo llegará. ¿El qué? Pues mi adicción, obsesión, fijación… (y demás sinónimos que conozcáis) por el pan. Me encanta amasarlo, olerlo, mirarlo, hornearlo, vamos creo que no hay paso que no me tenga ensimismada. No importa cuántas veces haya probado una receta, cada vez que me vuelvo a lanzar a ella es como si, una vez sale del horno, fuese la primera vez que veo el resultado.
La verdad es que hoy me he iluminado bastante tarde, así que como no había preparado poolish, ni había alimentado mi fantástica masa madre natural que guardo como oro en paño en la nevera, pues ha tocado ir a por las recetas de levadura fresca. Dentro de esta categoría uno de los panes que mejor resultado me da siempre es el Challah. Corren miles de recetas por la blogesfera de este tipo de pan con pocas variaciones así que no pretendo daros ninguna sorpresa, pero sin duda, esta que os dejo aquí siempre sale bien. Os animo a intentarla. Solo se precisa un poco de práctica y os aseguro que os saldrá un pan esponjoso y tierno que volará de vuestra panera, o al menos de la mía desaparece. ¿Serán los ratones? Y lo mejor de todo es que es un pan que se puede congelar sin problemas y que cuando lo sacas del congelador sigue estando la mar de rico. Solo tendrás que darle ese puntido de calor para que vuelva a ser el mismo, así que siempre puede formar parte de un perfecto desayuno de domingo…
Ahí os dejo la receta para un pan grande o para varios panecillos:
Ingredientes:
250gr. de harina de fuerza
250gr. de harina
25 gr. de levadura fresca
40 gr. de azúcar
3 huevos
200cc. de agua (mejor pesada, pero tened en cuenta que siempre hay una pequeña parte que irá a ojo, dependiendo de la cantidad de agua que admita vuestra harina)
Semillas de sésamo o de amapola
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
Una pizca de sal
Preparación:
La preparación no tiene demasiado misterio; tan solo hemos de mezclar las harinas en un bol grande y añadir la levadura disuelta en un poco de agua. Una vez bien mezclado añadimos dos huevos batidos, el aceite, el azúcar y la pizca de sal, así como el resto del agua a temperatura ambiente. Cuando todos los ingredientes estén bien mezclados volcamos encima de la encimera (sin añadir harina) y amasamos unos 10-15 minutos hasta que veamos que la masa se ha vuelto elástica y que ya casi no se pega en las manos. Al principio, al ser bastante húmeda, puede resultarnos un poco difícil, pero el “suplicio” no dura mucho y el resultado es mucho mejor si no añadimos harina, así que intentad no caer en la tentación J.

Cuando ya tengamos la masa a punto formaremos una bola y la cubriremos con papel transparente y con un paño y la dejaremos levar tranquilamente durante más o menos una hora y media. As usual, en un lugar sin corrientes de aire y cálido de tu casa. Tras ese rato la masa habrá doblado su volumen y ya estará lista para volver a trabajarla. La volcamos con la ayuda de una rasqueta (para no rasgar la masa) nuevamente sobre la encimera y la trabajamos un par de minutos más. Tras desgasificarla un poco volvemos a formar una bola y la dejamos otra vez dentro del bol tapada con el papel transparente y el paño para que vuelva a fermentar unos 45 minutos más.
Pasado este tiempo la volvemos a sacar del bol y la trabajamos unos 5 minutos, tras los cuales ya podremos dividir la masa en las porciones que queramos. Si queremos hacer una sencilla trenza de tres cabos, tan solo tendremos que dividir la masa en tres porciones y darles forma de cilindro. Una vez hecho esto formamos la trenza encima de la bandeja del horno, que habremos forrado con papel, y la dejaremos reposar otros 45 minutos tapada (en mi caso la vuelvo a tapar con papel transparente y con un paño). También puedes formar panecillos y darles la típica forma de los panecillos Kaiser. No es la que le correspondería a este pan… pero quedan muy bonitos J! En este caso, el único secreto es no pasarnos de fermentación una vez formados los panecillos, ya que en caso contrario perderían la forma.
En cualquier caso, una vez pasada la última fermentación pintaremos nuestro pan o panecillos con un huevo batido y le pondremos unas semillas de sésamo por encima o unas semillas de amapola.

Y ya solo nos queda hornearlo. Lo dejaremos unos 10 minutos a 200º y luego unos 15 minutos más a 180º. Siempre va bien echarle un ojo de vez en cuando no sea que vuestro horno sea más potente y os quede demasiado tostado por encima. Este es el resultado:


Si en lugar de tres prefieres lanzarte con cuatro, seis o incluso ocho cabos, puedes encontrar las instrucciones de cómo hacerlo tanto en diferentes páginas de Internet (esta es solo un ejemplo: http://www.finecooking.com/videos/braiding-challah.aspx) como en varios libros (en “El aprendiz de panadero”, por ejemplo, encontrarás ilustraciones que pueden ayudarte). Las fotos que os dejo aquí son de uno de seis cabos. La cantidad de masa es la misma, pero el resultado es realmente espectacular (y más con las fotografías de mi sister, que hace que cualquier cosa parezca una delicia!):


Et c'est tout! ¡Ya veréis como triunfáis!