Parecía que no iba a llegar nunca el fin de semana… pero lo positivo es que siempre llega. No importa la de locuras que puedan pasar en el despacho; los momentos de risas y los de pánico acaban desvaneciéndose cada viernes pasadas las nueve…
El sábado venía amenazando nieve, y aunque no me creí en modo alguno la previsión del tiempo, la verdad es que tuve que rendirme ante los hechos: estaba nevando!! Sí, todavía no había amanecido cuando ya estábamos saltando de la cama. Me dirigí a la cocina para ir preparando un buen desayuno cuando mi media naranja se dio cuenta: sí, El Hombre del Tiempo había acertado y todos los coches aparcados en nuestra calle tenían una graciosa capa de nieve. Es curioso, pero ver nevar sigue teniendo en nosotros ese efecto infantil de alegrarnos el alma… Aunque es mucho más fácil disfrutar de la nieve cuando puedes quedarte acurrucado en el sofá disfrutando de un chocolate caliente!
En cualquier caso, lo que sí es verdad es que el tiempo gélido se llevó con él todos los planes que habíamos organizado… eso de acabar patinando sobre hielo llevando el coche… no nos apetecía nada, así que decidimos aplazar nuestra escapada para el próximo fin de semana. Y claro, frente a lo que parecía iba a ser un fin de semana muuuuyyyyy casero nada mejor que algo que nos reconforte junto a algo calentito, verdad? Y ¿qué hay mejor que estar tranquilamente en tu sofá con un buen libro, las niñas en nuestra falda y un buen tazón de algún exótico té? Pues que este venga acompañado de un poquito de bizcocho esponjoso y aromático… ummmm, delicioso! Y esto es lo que os traigo hoy, un cachito de cielo que os hará la vida mucho más agradable! Aquí os dejo la receta:
Ingredientes
250 gr azúcar
250 gr azúcar
3 huevos
1 cucharadita (tsp) canela molida
1 cucharadita (tsp) impulsor (baking powder)
12 gr mantequilla a temperatura ambiente
250 gr leche (en mi caso, semidesnatada)
250 gr harina leudante
Elaboración
Esto va a estar listo en un santiamén, así que ya podemos ir precalentando nuestro horno a 180°C.
Tamizaremos la harina junto con el impulsor y lo reservaremos. En un bol grande batimos los huevos con el azúcar y la canela hasta que nos quede una mezcla espumosa y cremosa. En este punto ya podemos añadir la mantequilla y la leche hasta que todos los ingredientes estén bien integrados.
Es el momento de ir añadiendo la harina poco a poco y suavemente hasta que esté totalmente integrada.
Cogemos nuestro molde para bizcochos y lo engrasamos a conciencia. Vertemos en él nuestra masa y lo horneamos durante unos 45 minutos o hasta que esté dorado y al pincharlo con un palillo este salga completamente limpio.
Ya podemos sacarlo del horno y dejarlo unos 10 minutos antes de desmoldarlo. Ahora ya solo nos quedará dejarlo enfriar totalmente sobre una rejilla antes de poder hincarle el diente. Aquí tenéis el resultado:
Et c’est tout! Rapidísimo, verdad? Pues así de rápido desaparecerá de vuestra cocina. Os animáis?