¿Sabéis a qué huele mi cocina? J Sí, ¡lo habéis acertado!! A pan recién hecho y reconozco que es un olor que me encanta.
Ayer fue un día genial. Nos levantamos sobre las 7h y tras un estupendo desayuno y un par de ojeadas a nuestra Guía Campsa, fuimos a por el coche. ¿Qué hay mejor que una escapada a la Costa Brava para disfrutar de los últimos días del verano? Mi querido Hombre del Tiempo me asustó un poco (y a mis piernas ni os cuento) al anunciar temperaturas de más de 30°C, pero conseguí superar mis miedos al achicharramiento infernal gracias a mi súper vestido de emergencias. Sí, creo que tod@s tenemos algo que nos entra incluso en los momentos más… críticos… bien, pues yo no iba a ser menos. En definitiva, que me enfundé mi vestidito anti complejos, cogimos algo de fruta para el paseo y enfilamos para el coche. Pero todavía nos faltaba algo: mi sister J. ¿Irnos de escapada fotográfica sin ella? No way! La llamamos y por suerte todavía no había hecho planes, así que se apuntó. Ahora sí que lo teníamos todo para disfrutar de un sábado de parranda!
Dirección Gerona y primer destino: Pals. Muchos de vosotr@s seguramente ya lo conoceréis, pero para aquellos que no hayáis estado nunca os diré que es un buen sitio para dar un paseo. Se trata de un pequeño pueblo en la comarca del Baix Empordà. Cuenta con un casco histórico medieval que bien parece de cuento. Sus calles empedradas, los arcos de medio punto, las fachadas con ventanas ojivales y los balcones de piedra consiguen transportarnos a otra época. Salvando todas las distancias posibles, seguramente os pueda recordar a San Gimignano en la Toscana.
Después de nuestra primera parada nos dirigimos al segundo objetivo: Peratallada. Es otro pueblecito a tan solo 7 km de Pals. En este pequeño pueblo también encontramos un casco antiguo medieval. Podemos visitar sus calles estrechas, su castillo, la Torre de las Horas, las murallas y la Iglesia de San Esteve… Después de hacer otra buena tanda de fotos aprovechamos para hacer un descanso y llenar nuestros estómagos J en una encantadora terraza interior fuera del mundanal ruido…
Y después de comer nos dirigimos hacia nuestro último destino: Begur. Era la Fiesta de los Indianos, así que la música cubana y el olor a menta (omnipresente por todas las calles para preparar los preciados mojitos) aderezaron nuestra visita.
En definitiva: me encantó el paseo y, as usual, disfruté muchísimo de la compañía J! Pero claro, estar todo el día fuera de casa implica que no preparé ningún prefermento o similar para mi hornada semanal de pan, así que esta mañana he estado ojeando mis libros para ver qué podía improvisar… y cómo no, Richard Bertinet siempre tiene la respuesta: pan de Viena! Es un pan fácil de hacer y fantástico para cualquier situación. Encaja con dulce y con salado… creedme, es una auténtica tentación. Tostadito por fuera, pero extremadamente tierno por dentro… una delicia. (Ah, y también se puede congelar para disfrutar de él en un momento de necesidad J). Aquí os dejo la receta por si os animáis a probarlo.
Ingredientes (receta del libro de Richard Bertinet Panes) (para 5 baguettes o 15 panecillos)
250 gr de leche entera
15 gr de levadura fresca
500 gr de harina de fuerza
60 gr de mantequilla a temperatura ambiente
40 gr de azúcar blanquilla
10 gr de sal
2 huevos grandes
Para el glaseado
1 huevo batido con una pizca de sal
Elaboración
Calienta la leche hasta que esté aproximadamente a temperatura corporal. En un bol grande pon la harina y frota la levadura como si estuvieras preparando unas migas. Añade la mantequilla y sigue frotando. A continuación, añade el azúcar y la sal, y tras eso ya solo nos quedará añadir los huevos y la leche. En cuanto los ingredientes ya estén integrados ya puedes pasar la masa a tu zona de trabajo (sin enharinar). Al principio os quedará una masa bastante pegajosa, pero, aunque os pueda tentar la opción de añadir más harina, creedme, no hace falta. Lo único que necesitáis es un poco de paciencia, el método Bertinet de amasado, y en unos minutos la masa se irá tornando cada vez menos pegajosa y más elástica. La verdad es que es un gustazo amasar este pan!
Una vez tu masa esté lista puedes ponerla en un bol, previamente untado con un poco de aceite, y dejarla reposar tapada con un plástico y con un trapo de cocina durante una hora. Pasado este tiempo de reposo volveremos a volcar nuestra masa sobre la superficie de trabajo ligeramente enharinada con la ayuda de una rasqueta. Ahora es cuando tienes que decidir si prefieres hacer baguettes o panecillos… o un poco de cada. En mi caso me decanté esta vez por las baguettes así que dividí la masa en porciones de unos 80 gr aproximadamente. También puedes hacerlas un poco más grandes o un pelín más pequeñas, como más rabia te dé. En cualquier caso, una vez tengas las porciones de masa divididas es hora de darles forma. Aplasta la masa un poco, enróllala y dale forma de baguette. Ves colocando las piezas en una bandeja bien espaciadas ya que durante el levado crecerán bastante. Cuando ya las tengas todas formadas será el momento de pintarlas dos veces con el glaseado de huevo y de practicarles unos pequeños cortes profundos a lo largo de la superficie con una cuchilla. Cúbrelas con un plástico y con un trapo y déjalas levar durante una hora.
Ya puedes ir precalentando tu horno a 220°C.
Cuando las baguettes ya hayan levado lo suficiente y la masa ya esté lista es hora de meterlas en el horno durante unos 8-10 minutos, hasta que estén bastante doraditas. Y este es el resultado:
Et c’est tout. ¡Un fantástico desayuno o una merienda de escándalo no es algo tan difícil de conseguir! ¿Os animáis?
Enviada a YeastSpotting



